jueves, 6 de julio de 2017

En la feria del libro de Alicante


Las ferias del libro, en general, son acontecimientos importantes para el sector librero/ editorial, ya que representan un escaparate al público que llega más allá de los lugares habituales, además de resultar un incentivo para las compras debido a los descuentos y/o regalos que se ofrecen. En cuanto a los autores invitados para firmar libros y darse a conocer, la cosa quizás no sea tan bonita como parece, y hablo con conocimiento de causa ya que en esta última feria del libro de Alicante acudí en ese rol y mis impresiones, aunque nada sorprendentes, creo que merecen ser comentadas aquí.

Uno de los stands de la feria

En primer lugar, decir que las ferias del libro "oficiales" están vetando cada vez más la entrada de autores autoeditados o que han publicado a través de pequeñas editoriales independientes. El motivo está claro: La publicación masiva y sin control de obras de toda índole rompe el orden natural con el que trabajan las editoriales, distribuidoras y librerias habituales. Yo logré colarme en la feria (como muchos otros, supongo) por interceder a mi favor uno de los libreros del gremio, el cual me hizo el favor de buscarme un hueco entre los autores invitados.

En segundo lugar, y una vez estuve instalado en la caseta correspondiente, hay que distinguir entre dos tipos de escritores: los visibles i los invisibles, también llamados "los que dan pena". Entre los visibles tenemos a autores con cierto renombre, con el apoyo de grandes editoriales o los oriundos de la zona, los cuales atraen a cierto número de amigos/ seguidores que les muestran su apoyo. En sus casetas suele haber gente, se firman libros, se hacen fotos y se dan apretones de manos. Entre los escritores que dan pena me encontraba yo, solo en mi caseta viendo pasar a la gente por delante sin que sus ojos se percataran de mi existencia.
Pero ser uno de los invisibles no es algo de lo que apenarse. Es normal teniendo en cuenta que la mayoría de personas que acuden a una feria del libro solo están de paso o ya saben qué van a comprar o por lo menos tienen una idea aproximada de qué es lo que buscan. Son pocos los que se acercan en busca de algo nuevo que descubrir, como por ejemplo un librito no demasiado llamativo de un autor con cara de pena y totalmente despeinado. Por cierto, el tema cabello de escritor es un tema a tratar aparte, pero quizás me anime en una futura entrada.

Aquí algunas de las personas que no compraron mi libro.

Y en tercer lugar y a modo de conclusión, decir que esperaba ese resultado, aunque a pesar de ello me quedó un sabor raro en laboca, no diré que malo, pero si que tuve la sensación de haber perdido una hora sentado en esa silla a pesar de la sensación de oír mi nombre anunciado por megafonía, la gente que se paró a hablar conmigo (pocos, pero los hubo) y el hecho de haber participado en una feria del libro que ni siquiera sabía que existía unas semanas atrás.

¿Repetiría? Por supuesto. Aunque la proxima vez, si la hay, apareceré montado en un monociclo y haciendo malabares con antorchas a ver si así alguien se percata de mi existencia.

Nota: Las imágenes estñan sacadas de la página web de Diarioinformación, por supuesto sin su permiso, aunque espero que no les moleste.

sábado, 1 de julio de 2017

El crimen de dejar un libro a medias

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Parece ser que existen ciertos tabúes con los libros y la literatura que algunos utilizan como si de normas férreas se tratara cuando en realidad, no hacen más que emponzoñar un acto íntimo y personal como es el de leer. Y uno de esos tabúes, con el cual me he encontrado muchas veces, es el de sentirse con la obligación de terminar todo libro que se empieza.

"Yo hace tiempo que no leo porque empecé un libro, no me gustó y lo tengo allí esperando en el cajón de la mesita", "hasta que no termine el que tengo entre manos... pero es que no me está enganchando nada", "me recomendaron un libro buenísimo pero es que se me ha atragantado y voy a tener que empezarlo otra vez a ver si mejora..." son frases que he oído y seguro que no he sido el único. Frases que me dan pena porque son síntomas de la escasa cultura literaria que tenemos, al ver (y mostrar) los libros como obligaciones más que como simples formas de entretenimiento. ¿Porque cuantos hemos dejado a medias una pelicula o videojuego sin que nos haya supuesto un motivo de vergüenza o desasosiego? "Es que esa peli era un rollo" o "no me van ese tipo de juegos y he empezado otro" son frases también comunes y que apelan a mucha más naturalidad. ¿Por qué no hacer lo mismo con los libros? Quizás porque los dotamos de un simbolismo que en realidad no poseen.

Hay libros malos, escritores malos, libros y escritores buenos pero que escriben para un público que no somos nosotros... Hay momentos en la vida para cierto tipo de literatura e incluso momentos para ninguna literatura o para toda. Yo he pasado largas temporadas sin leer nada en absoluto y otras en las que devoraba cualquier libro que caía en mis manos, pero incluso en esos momentos de èxtasis lector, he tenido que dejar a medias algunos. Lo más llamativo me sucedió con una novela llamada "Oscuro como la tumba en la que yace mi amigo", de Malcom Lowry. La vi por casualidad en mi librería y me llamó poderosamente su título ya hacía poco que había fallecido un amigo mio y me resultó muy evocador. No sabía que ese autor era precisamente famoso por lo lenta y densa de su escritura. Tuve que dejarlo con apenas cuarenta páginas leídas. Y reconozco que no me sentí del todo bien aparcandolo en una estantería, pero no quería sacrificar futuras lecturas por empecinarme en terminarlo. Hace poco, quince años después de habero abandonado, decidí quitare el polvo y darle una segunda oportunidad; pensé que la madurez me permitiría disfrutarlo como no supe hacerlo con veintipocos, pero no. Seguía pareciéndome un tostón. Aunque esta vez no sentí tanta tristeza. Malcom Lowry es considerado un gran escritor, pero sin duda no escribe para mi.

Es por ello que me gusta repetir, cuando tengo ocasión de hablar frente al público, o como ahora a través de este blog, que tener unos hábitos de lectura sanos es algo muy importante, como no leer con la tele puesta o en la cama después de un día agotador, pero que a veces saber cuando retirarse ante una lectura no provechosa, puede ser una buena opción, nada reprobable y que quizás nos abra la puerta a otra lectura más adecuada... O si no, siempre podemos retomarla en quince años a ver qué pasa.

*Ilustracion del libro Bibliomanía, para la editorial Gadir.

miércoles, 14 de junio de 2017

La importancia de escribir ficción



A menudo me encuentro con personas que se muestran muy interesadas en lo que escribo o leo y me preguntan sobre qué escribo o de qué va eso que tengo en las manos. Son preguntas sencillas que sin embargo, a veces resultan difíciles de responder debido a los matices que existen dentro de un mismo género, pero siempre, o casi siempre, me parece detectar cierta decepción cuando pronuncio la palabra “ficción”. Sé que no es algo generalizado, pero hay mucha gente que lo consideran un género inferior y hay quien incluso me responde con cierta soberbia que lo que a él/ ella le gusta es la historia o, en su defecto, leer biografías de personajes históricos. No suelo responder, pero sí me hace pensar en que todavía estamos muy condicionados por lo que nos han definido como “ficción” y “realidad”, así que voy a hacer un pequeño apunte sobre estos términos.

La ficción está en todas partes. Los libros de historia están llenos de ella. ¿Habéis oído alguna vez la frase “la historia la escriben los que ganan las guerras”? Pues tiene mucho más sentido y es mas literal que lo que algunos piensan. La historia que estudiamos en el colegio es pura ficción; es una novela basada en hechos reales que ha edulcorado y maquillado tanto la realidad que ha dejado de serlo. Recuero ahora mismo un artículo que leí hace poco sobre el Cid Campeador, ese héroe cristiano que expulsó a los moros de España y se convirtió en el mayor héroe patrio del cristianismo. Según ese artículo escrito por un historiador neutral (y que conste que no he podido contrastarlo ni asegurarme de su veracidad, pero lo uso como ejemplo por el contraste con la historia oficial), el Cid fue el líder de una banda de mercenarios sin moral ni escrúpulos que alquilaban sus servicios al mejor postor, luchando contra moros y cristianos por igual. Según decía tal artículo, el Cid habría matado a más cristianos que moros pero una casualidad temporal le situó en el bando cristiano en el momento adecuado y se convirtió en el héroe que hoy conocemos.
Otro ejemplo de ficciones camufladas son, como he dicho antes, las biografías que nos muestran las vidas de personajes de toda índole cargadas de aventuras, sabias decisiones y frases que hacen historia. ¿Debemos creérnoslo? Por supuesto que no. Me niego a creer que alguien como Albert Einstein, que era un matemático que según dicen siempre vestía igual para no perder tiempo pensando qué ponerse y así estudiar más, tuviera una vida emocionante. ¿Y porqué inventarse la vida de los demás? Muy simple. Para dotarla de atractivo y que el mundo se interese por ella. Y así, en ambos ejemplos, sea El Cid o Einstein, es necesario escribir ficción para hacer de sus existencias algo más allá de lo mediocre.

Yo escribo ficción. Y lo hago por que soy un mal escritor y se me da mejor inventar historias que escribirlas. Tratar de documentarme y transformar algo aburrido como la vida de un matemático en una lectura interesante me resulta imposible. Pero contar historias es sencillo, una vez creadas. Y no dejo de preguntarme qué sería de la humanidad sin la ficción, ya no solo a nivel entretenimiento sino también en lo que representa nuestra cultura y, porqué no decirlo, la evolución de nuestra especie. Y aunque no quiero alargarme demasiado con este tema, creo que es necesario indagar en este tema.

Estoy seguro de que los hombres de las cavernas basaban buena parte de su tiempo libre en la ficción. No me creo que unas gentes que vivían en cuevas y se juntaban junto a una hoguera todas las noches no crearan historias fantásticas para entretener a los suyos a la espera de que se inventara la televisión. Imagino cacerías trepidantes, seres gigantescos y recuerdos ficticios de grandes cazadores legendarios. Estoy seguro de que el ser humano evolucionó, creció y se expandió en parte gracias a estos cuentos que alimentaban la imaginación y las ansias de ser mejores y llegar más lejos. Y a partir de ahí, la ficción no solo fue un entretenimiento sino que se asimiló como parte de la vida misma, fundiéndose con la realidad. El amor, la religión… Ficción encarnada en nuestra cultura y nuestro ser para elevar nuestras existencias más allá de lo que en realidad somos, que no es otra cosa que monos sin pelo que han perdido el norte.

Y no quiero alargarme más. Sólo decir para terminar que escribir/ leer ficción es importante, pues nos hace soñar, nos abstrae de nuestra cotidianeidad y quien sabe, quizás sirve para aportar nuestro granito de arena en la historia universal de los humanos del futuro.


domingo, 4 de junio de 2017

Sobre los libros de "verdad"





Aunque escribir es algo que a día de hoy, afortunadamente sabemos hacer todos, no deja de ser una acto íntimo, ya sea escribir grandes poemas desde lo más profundo del alma hasta la lista de la compra antes de salir de casa. Es rara la gente que escribe de forma pública, ya sea en blogs, revistas o cualquier otro tipo de publicación. Es por ello que cuando alguien se entera de que he publicado un libro, suele generarle cierta sorpresa, generalmente a un nivel de simple curiosidad y no tan habitualmente con una magnitud mucho más desproporcionada.

Hace muy poco una persona con la que suelo cruzarme habitualmente en el trabajo me preguntó sorprendido si era verdad eso que decían por ahí y cuando se lo confirmé no pudo contener su asombro y me preguntó si lo que había escrito en el libro me lo había inventado yo. No supe qué responder. Del mismo modo me han preguntado si he escrito un "libro de verdad" o si es "un libro de librería". Realmente todas estas preguntas no hacen más que generarme dudas. ¿Cómo son los libros de mentira? ¿Son esos que los abres y en lugar de páginas ocultan una petaca de whisky? ¿Y qué tipo de libros no se venden en librerías? ¿Hay libros de charcuterías o droguerías?

La conclusión que saco de todo esto es que para las personas que no tienen costumbre de escribir o leer , el mundo editorial les resulta algo tan lejano, que incluso un autor marginal como yo se les antoja todo un héroe de la cultura y el saber. Pero ciertamente, si uno se asoma un poco a este mundillo se da cuenta de que la realidad es muy distinta, ya que existe una sobresaturación de autores, editoriales y sobretodo títulos, que por suerte o por desgracia nos caen encima como una avalancha cada vez que intentamos bucear un poco por la red.
Hace muy poco leí un artículo-denuncia en el que algunas editoriales pequeñas se quejaban de que las habían excluido de la gran Feria del Libro de Madrid, con la excusa de que la autoedición no tenía cabida en esa feria. ¿Está mal? Por supuesto. ¿Me extraña tal comportamiento? No demasiado. Y el motivo es que la cantidad de pequeñas editoriales, autores que se autoeditan y otras que han crecido al margen de la industria de libros convencional son tantas, que amenazan con desestabilizar el sistema que hasta ahora impera en este pequeño gran mundo de los libros.

Las librerias agonizan, dicen. Los grandes autores no llegan a las ventas esperadas, nos cuentan. El libro electrónico está acabando con las publicaciones en papel, nos alarman... Pero lo cierto es que las nuevas tecnologías han abierto una puerta a nuevos (y no tan nuevos autores) que aparecen como setas tras un día lluvioso y que presentan obras de tanta o más calidad que los que venden millones de libros y se anuncian con vistosos carteles. Y teniendo en cuenta esto, es normal que los grandes dinosaurios como es el caso de Planeta, vean amenazada su superioridad y se defiendan torpemente publicando libros de rentabilidad asegurada (biografías de famosos, novelas escritas de cualquier manera por youtubers o twiteros famosos, libros de autoayuda...), convirtiéndose en la pes(c)adilla que se muerde la cola.

Así pues y resumiendo lo arriba dicho: Aunque cause sorpresa entre algunos el hecho de escribir (y publicar), si uno echa un vistazo rápido puede comprobar que no es tan raro ni admirable, y que al final lo único que debemos hacer es centrarnos en qué nos gusta y averiguar como encontrarlo, independientemente de que nos restrieguen ciertos títulos y autores por la cara cada vez que vamos a unos grandes supermercados o librerías famosas. En definitiva, los tiempos están cambiando, tanto para las editoriales, los autores y como no, los lectores.

jueves, 18 de mayo de 2017

...aunque suene a despedida.


Algo que suelo decir en las presentaciones y cuando alguien me pregunta el porqué publiqué mi primer libro “Textos de Mediocridad e hiperrealismo”, es que éste libro ha sido como cerrar una puerta detrás de mi para poder abrir otra y seguir avanzando. Puede sonar poético o metafórico, pero en realidad no lo es tanto.

Todo el contenido de este libro forma parte de momentos especiales o significativos de mi pasado y como me gusta pensar, el pasado está ahí para ser recordado pero también dejado atrás. Es por este motivo y porque al final todo tiene que acabar, que he decidido que ha llegado el momento de avanzar, dejar “Textos de mediocridad e hiperrealismo” atrás, y ponerme manos a la obra con mi siguiente libro, el cual no tendrá mucho que ver con éste primero, pero que espero que guste igual o más a quien decida leerlo. Pero no nos adelantemos a acontecimientos.

He pensado que la mejor forma de despedir un libro (o al menos su promoción activa) es dándole un lavado de cara, mejorar su contenido y acabado y como no, ponerlo a la disposición del mayor número de personas posible. Para ello, he sacado una segunda edición, con nueva maquetación y algunas páginas extra, la cual solo estará disponible en versión digital (pdf, epub y mobi) y que se halla alojada en Lektu, una plataforma que si no la conocéis os invito a echare un ojo pues tiene gran cantidad de libros digitales y físicos de autores independientes y pequeñas editoriales. Y para conservar la idea inicial de dar a conocer mi libro de forma gratuita, le he puesto un precio libre (paga lo que quieras) para que los curiosos o los que ya tenéis el libro, no os sintáis con la obligación de tener que pagar dos veces por lo mismo. Por supuesto, cualquier donación será bien recibida.

En cuanto al libro en papel de la primera edición, puede ser adquirido hasta fin de existencias en dos librerías tradicionales que son La Faràndula en Novelda (Alicante)y Espai Cultural Guaix en Amposta (Tarragona) al precio de 8€. Del mismo modo y para quien sea de otras partes del país, puede adquirirse en formato físico también en la tienda online Dosdediez.

Y nada más. Con esto dejo atrás una de las etapas más fantásticas de mi vida. Fantástica por las emociones vividas, la gente conocida, los miedos superados y por supuesto todo lo que he aprendido. Muchas gracias a todos los que habéis formado parte de estos y nos vemos muy pronto.

domingo, 30 de abril de 2017

Sant Jordi 2017


El día del libro siempre ha sido una fecha especial, como lector y también por mi afinidad con cierta librería ya desaparecida de mi localidad natal, a la cual tuve oportunidad de ayudar con el tema preparativos de una fecha tan señalada y complicada. Pero aparte de todo esto, este Sant Jordi de 2017 ha representado algo mucho mayor para mí al tratarse del primer año en el que acudía como autor, invitado por una librería local (la sustituta de la nombrada anteriormente) para firmar ejemplares y promocionarme un poquito. Pero casi mejor me dejo de introducciones y voy al grano.

Mi humilde rinconcito
Espai cultural Guaix” es una librería atípica, ya que posee también una sección de cafetería creada con la intención de incentivar la lectura aprovechando la adicción a la cafeína que la mayoría de nosotros sufrimos; desconozco si es un formato habitual en grandes ciudades pero desde luego en el pueblo es la primera vez que veo algo así. Una vez allí fui atendido por su responsable, la cual fue capaz de prestarme algo de atención a pesar de lo atareado del momento, montando mesas y atendiendo a los primeros clientes. Y no estuvo mal la mañana, en la que me encontré con viejos amigos y conocidos, vendí algunos libros y sobretodo, pude hablar de este bonito mundo de la literatura con personas, como no, mucho más experimentadas que yo.
 
Espai Cultural Guaix
Nada más llegar, compartí mesa con Vicent Pellicer, un escritor-poeta-fotógrafo (no sabría como definirlo) con muchos libros y experiencia a cuestas y que supo darme buenos consejos sobre como empezar con mi “carrera” en esto de la escritura. Más tarde apareció Marina Pallás, periodista y escritora con quien me sentí muy cómodo (no sé que tienen los periodistas que cautiva tanto) y pudimos charlar sobre lo que escribimos y hacemos en la vida.

Aquí ya empezaba a dolerme el brazo de tanto dedicar libros
Después de comer tocaba cambiar de escenario y las chicas de la librería Viladrich (una de las más veteranas me atrevería a decir que de todo el país) me hicieron un hueco para que me colocara con mis libros a pesar del lío que tenían montado. Y es que la plaza del castillo, que era ese nuevo escenario, era un hervidero de gentes ávidas de literatura, puestos de venta y autores ambulantes con mochilas llenas de libros. Una vez allí reconozco que me sentí un poco insignificante, pues descubrí que ser un autor independiente y desconocido en medio de una feria del libro (incluso una pequeñita como aquella) es como ser una piedra en el fondo de un barranco, de noche y lloviendo: nadie te ve. Pero como solo se vive una vez, no somos nadie y cuando crees que me ves hago chas, decidí levantar el culo de la silla y ponerme a repartir tarjetas a cuantos incautos se me acercaran. Libros no vendí demasiados, pero mi nombre, el de mi libro y mis direcciones web están en más de cincuenta carteras y bolsos de todo el pueblo.
 
Con las chicas de Viladrich, con las cuales no pudo el estrés.
Finalmente, y después de varios encuentros adicionales e inesperados con viejos amigos, recogí mis cosas y me marché, aprovechando para pararme a hablar con Rafel Durán, una autor local y también editor que lo está petando con “Pau” una novela de temática erótica la cual tuvo el detalle de cambiarme por mi libro y de la cual tengo pensado hablar en breve. Y no solo nos intercambiamos libros como futbolistas camisetas, sino que hablamos de cosas interesantes, entre ellas la de editar juntos mi próximo libro, lo cual vista la calidad de su “Pau” me llena de ilusión y me da más fuerzas para seguir adelante.
Y ya como resumen final: Un gran día. Inolvidable por muchos aspectos y que espero que no sea el último.

sábado, 15 de abril de 2017

Ser o no ser: Escritor



No me gusta utilizar el término “escritor” para definirme. Puede que haya publicado un libro y que quiera seguir haciéndolo en un futuro, pero definirme como escritor solo por ello me parece una exageración. No es que tenga nada en contra de esa palabra, pero en los pocos meses que llevo relacionándome con editores, libreros y demás, me está dando la sensación de que llamarse escritor está siendo utilizado más como un elemento de glamur que como un apelativo real de quien escribe. Me parece que muchos se cuelgan ese título como el que se pone un sombrero para estar más guapo y creo que ese no es un camino a seguir. Pero antes de continuar, voy a entretenerme en las distintas definiciones de la palabra.

escritor, ra
Del lat. scriptor, -ōris.
1. m. y f. Persona que escribe.
2. m. y f. Autor de obras escritas o impresas.
3. m. y f. Persona que escribe al dictado.
4. m. y f. desus. Persona que tiene el cargo de redactar la correspondencia de alguien.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
Según la Real Academia Española (sí, soy fan de esta gente) tenemos cuatro definiciones de “escritor”. La primera no deja lugar a dudas: Si sabes escribir, eres escritor; al igual que si sabes nadar eres nadador y si duermes eres un durmiente. ¿Debería alguien colgarse una medalla por ello? A mi juicio no, pero por suerte no soy el único ya que la gran mayoría de personas se basan en la segunda definición “autor de obras escritas o impresas” para hacerlo. ¿Pero puede llamarse escritor alguien que ha publicado un libro, revista o artículo en un periódico local? Técnicamente sí, pero deberíamos tener en cuenta algunos matices.
En primer lugar hay que darse cuenta de que el mundo editorial ya no es lo que era (y no digo que haya ido a peor, sino que ha cambiado) ya que si hace unos años los únicos que veían sus obras impresas y en las estanterías de las librerías eran los elegidos por las grandes editoriales, hoy en día esto ha cambiado. Gracias a la aparición de pequeñas editoriales independientes y de las herramientas de edición e impresión online, cualquiera puede ver su idea convertida en libro con un mínimo esfuerzo e inversión monetaria. A causa de ello (repito que no lo digo de forma negativa ni peyorativa), decenas de cientos de libros que jamás habrían visto la luz, aparecen en catálogos online, pequeñas librerías y de la mano de sus autores en presentaciones, ferias y demás. ¿Significa esto que cualquiera puede llamarse escritor sin titubear? Por supuesto, pero sin olvidarse de que la palabra, aunque no haya sufrido cambios de por sí, está muy sobrevalorada.
Y es que los escritores forman parte de un colectivo que sigue siendo muy valorado entre la población. Hace medio siglo cuando alguien afirmaba ser músico, escultor o periodista, era automáticamente elevado a un estatus superior por dedicarse a algo que estaba fuera del alcance de los simples mortales; hoy en día tenemos reguetón, arte moderno y prensa rosa, con lo que tales profesiones son tratadas con mucha más cautela; pero decir “Hola me llamo Fulano y soy escritor” sigue manteniendo esa aura de majestuosidad.
A todo esto y a lo que iba con esta pequeña reflexión, es a que a pesar de que yo cumplo con tres de las cuatro acepciones que nos da la RAE para ser escritor de pleno derecho, no me gusta definirme así. Sé escribir, me he auto editado un libro y en el colegio escribí muchos dictados, pero no me parece justo definirme con un término tan bonito. Normalmente en conversaciones casuales no saco a relucir mi “hazaña” de tener un libro y si es el caso me defino como “autor” del mismo y no como “escritor” a grandes rasgos. De todos modos, si nos ponemos serios podemos buscar definiciones que definen (toma redundancia) a los escritores según el género que escriben con lo que podríamos desglosar la escritura en cinco ramas que son poesía, novela, ensayo, cuento y teatro, siendo sus autores poetas, novelistas, ensayistas, cuentistas y dramaturgos respectivamente. Teniendo en cuenta esto y en mi caso concreto, si alguien me preguntara algo al respecto debería responder que soy un cuentista, término más concreto y mucho menos pomposo que el de escritor.
Y así a modo de conclusión, repetiré que no me importa demasiado qué hagan los demás con sus calificativos, pero que a mí, personalmente, no me gusta utilizarlos así tan a la ligera ya que me parece una muestra de soberbia de la que puedo prescindir. Y que lo de cuentista, pensándolo bien, no me sienta tan mal.

Amor de primate. Una breve novelita de muy pocos megabytes.

Hay quien dice por ahí que los buenos tiempos del papel ya han llegado a su fin; que entre pdfs, kindles, podcasts y audiolibros, el libro t...