sábado, 14 de septiembre de 2019
Nuestro último tesoro
Llevo meses anunciándolo, dando pistas y dejando pequeños fragmentos para crear eso que hoy en día se llama “hype” que vendría a traducirse como “falsas expectativas sobre un producto que todavía ni existe” sobre mi nueva publicación llamada “Nuestro último tesoro” y que por fin está a la disposición del gran público, incluyendoos a vosotros, queridos lectores de este blog. Pero por si resulta que tanto “hype” ha caído en saco roto, os voy a explicar un poco de qué va todo esto.
¿Qué es “Nuestro último tesoro”?
Mi quinta publicación en papel, sin contar antologías y demás, y a la vez mi primera novela, es un relato de unas noventa páginas que comencé a escribir hace un par de años, terminé en octubre del anterior y que llevo desde entonces revisando, corrigiendo, maquetando y dándole vueltas al modo de publicación, que al final ha sido la autoedición “pura” es decir sin apoyo de ningún experto en la materia. ¿El resultado? Una novelita ligera, que se lee en cuatro ratos y que condensa varias ideas que giran en torno a un argumento más simple que vertebra la obra entera. Pero paso a explicar algunos detalles.
¿De qué va ese libro?
La pregunta del millón; esa que si no eres capaz de responder no te vas a comer una rosca literaria. Nuestro último tesoro cuenta la historia de cuatro ancianos que viéndose pasar los últimos años de su vida encerrados en un asilo de mala muerte, deciden trazar un plan para huir e instalarse en otra residencia para la tercera edad, mucho más lujosa. Es la historia pues, de una evasión, una huida evitando a la policía que les busca creyendo que simplemente se han desorientado y se han perdido, y de la compleja infiltración en el nuevo asilo. Pero hay algo más, ya que en su alborotado huida se llevan por error una caja de pastillas que contiene algunas anfetaminas y a causa de ese incidente su viaje se convierte en algo mucho más psicodélico de lo que habrían podido imaginar en un principio.
Pero “Nuestro último tesoro” es sobretodo un relato de amistad, de compañerismo y superación, además de un cuento sobre la vejez, la resignación y la soledad. Vida y muerte al fin y al cabo, relatadas desde ese instante de la senectud en el que se encuentran tan cerca la una de la otra.
Es una novela algo dura en algunos puntos, pero cargada de humor y retazo de fantasía, así como los recuerdos de juventud de unos ancianos, algunos buenos y otros no tanto.
¿Y por qué deberíamos leer tu libro y no el último de Dan Brown, por ejemplo?
Esa es una buena pregunta. Podría ir a lo fácil y decir que leer el Tele indiscreta es mejor que acercarse a las obras de Dan Brown, pero no quiero caer en lo vulgar y seré sincero: No hay motivo para no hacerlo. No voy a vender mi libro diciendo que es único e indispensable para cualquier amante de la lectura ya que todos los libros son únicos y realmente ninguno indispensable y ni siquiera hay que ser un amante de la lectura para leer. Mi novela quizás no tenga nada que la haga destacar sobre las demás ni llegue a convertirse nunca en un “top” de ventas o crítica pero ahí está, por un precio creo que no muy elevado, a vuestra disposición desde ya. Para que podáis elegir, decidir y si sale elegida entre otros millones de libros, leer. No hay más. Ni menos.
¿Y como puedo adquirir el libro?
Otra pregunta que me gusta. Como se nota que me las hago yo mismo. Para adquirir el libro hay dos opciones: la primera es adquirirla en alguno de los puntos de venta oficiales de “Nuestro último tesoro” que son en Amposta (Tarragona) la librería “Pont del Grao” y en Novelda (Alicante) la papelería “Nou Rojet”. Del mismo modo el libro estará presente en eventos varios de toda España distribuido por NEUH (No es un hobby) que lo tendrá en sus stands y como no, por correo pidiéndomelo directamente a través de mi email capdemut@gmail.com . El precio del libro en cualquiera de sus modalidades es de 8€, incluyendo envío ordinario a toda España.
Y nada más. Con esta información que me parece más que suficiente me despido. Estad atentos al calendario de eventos donde se podrá encontrar éste y otros de mis libros e incluso a mí en persona, porque serán bastantes.
Abrazos y besitos en los ojos.
jueves, 15 de agosto de 2019
"Los olivos no rezan", de Toni Diaz
“Los olivos no rezan” es una novela escrita por Toni Díaz y publicada por “Edicions locals” que representa la continuación (y final) de la historia contada en “De París a Barcelona”, obra del mismo autor y editor. Tuve la suerte de conocer a Toni personalmente hace poco y acudir a la presentación de este libro donde aseguró que a pesar de tratarse de una segunda parte, era perfectamente comprensible como historia independiente, por lo que conocedor de la dificultad que eso entraña, decidí comprarla para comprobar si era cierto, y también como reto personal, ya que no soy muy aficionado a la novela negra y de vez en cuando viene bien abrir un poco la mente.
Una vez lo tuve en mi casa y comencé a leerlo, debo reconocer que la primera impresión no fue especialmente buena. No solo tenía el género en mi contra si no que al tocar el tema de la mafia, el narcotráfico y la prostitución, que no son asuntos que me resulten gratos debido a motivos personales, hicieron que me planteara seriamente dejarlo abandonado. Y abro paréntesis.
No sé si soy yo es el mundo, pero últimamente siento cierto placer en dejar libros a medias, como si algo dentro de mi se sintiera bien al ser capaz de desestimar algunas obras en detrimento de otras, con una especie de sentido crítico implacable. Pero finalmente por cercanía con el autor, decidí seguir un poco más. Y no me arrepiento de ello. Cierro paréntesis.
Después de unas primeras páginas algo confusas por la presentación de personajes (supongo que de la novela anterior) y una prosa quizás demasiado descriptiva para lo que estoy acostumbrado a leer, la novela va cogiendo ritmo. Y qué ritmo. No sólo la trama principal se convierte en algo complejo y emocionante si no que las escenas de acción, que las hay y muchas tal y como requiere el argumento, resultan estar perfectamente descritas por Toni que crea unas coreografías muy visuales para describir desde peleas de bar hasta tiroteos a gran escala.
A lo largo de la novela nos encontramos con una gran variedad de personajes, casi todos ellos de dudosa moralidad y código ético pero con la suficiente personalidad como para que empaticemos con algunos de ellos y acabemos odiando a los otros, lo cuan convierten la lectura en algo ameno a la par que emocionante.
Y así a modo de resumen final sólo diré que “Los olivos no rezan” es una lectura que recomiendo, se haya leído la primera parte o no, seas aficionado a la novela negra o no y por supuesto, una lectura que recomiendo a quien le guste leer, así en general, y que sea capaz de entender que algunas veces, los buenos libros no se encuentran en las estanterías de grandes cadenas de librerías si no en las manos de pequeños autores, algunos de ellos como en el caso de Toni muy jóvenes, y que no tienen nada que envidiar a escritores consagrados que todos conocemos.
lunes, 29 de julio de 2019
El fin del proceso creativo
Los procesos creativos que llevan hasta la publicación de una obra escrita, como puede ser el caso de una novela, son tan variados como escritores haya. Cada autor tiene su propia forma de buscar la inspiración, estructurar sus ideas y plasmarlo en el papel. Pero a partir de ahí, cuando el manuscrito está listo y se busca darle forma física para poder presentarlo al público, el proceso es siempre el mismo. Pero no por ello resulta más fácil o relajado.
En estos momentos tengo mi próxima obra escrita, revisada, corregida y con algo de esfuerzo (reconozco que me ha resultado imposible solicitar un número de depósito legal por Internet a pesar de la cantidad de opciones y modos de hacerlo), he logrado llegar al paso final que es mandarlo a imprenta. Y este es precisamente el momento más complejo y que me produce mayores inseguridades. ¿Estarán correctos los archivos que he mandado? ¿Habré elegido bien el tipo de papel, encuadernación, cubiertas..? ¿Serán los tipos de la imprenta lo suficientemente profesionales como para revisar los archivos antes de transformarlos en papel? ¿Llegarán los libros a tiempo a mi casa para cumplir los plazos que yo mismo me he puesto para el lanzamiento y la presentación? Y toda esta incertidumbre se traduce en estrés, en dormir regulinchi, en no dejar de mirar el correo electrónico a la espera de noticias y en definitiva a un estado de expectación continuo que me hace replantearme esta forma de trabajar.
Y al final llego a la conclusión de que quizás no quiero seguir autoeditándome; que puede que lo mejor sea buscar una editorial pequeña, a pesar de las malas prácticas que utilizan la mayoría, quizás incluso una empresa de servicios editoriales que me cobre de más pero a la que poder volcar todas las responsabilidades y escudarme tras ella para evitar toda mala sensación. Quizás sea lo más sencillo, rápido y que finalmente me reporte los mismos beneficios, es decir el simple hecho de sacar una obra a la calle y exponerla a mi antojo y dentro de mis limitadas posibilidades.
El problema es que creo en la autoedición. Creo en lo que hago y en cómo lo hago. Creo que como autor independiente y muy minoritario nadie tiene por qué beneficiarse de lo que hago más que yo. Y creo que al final, de algún modo que todavía no llegó a vislumbrar, será beneficioso para mí el tener el control total sobre mis obras. Aunque esto último es más una sensación que una certeza bien definida. Pero vuelvo al principio.
He llegado al final de un proceso creativo que me ha llevado casi dos años de dedicar mis ideas casi exclusivamente a este proyecto y ahora me siento agotado e incapaz de escribir nada más hasta que no pase un tiempo en el que pueda relajarme, coger aire y pensar en cual será mi próximo movimiento. Es como terminar una maratón y regresar a casa, tirarse en el sofá y poner música. Y eso se nota en mis blogs, cada vez más abandonados, mis redes sociales y en todo aquello que implique cierta constáncia. Pero solo espero que merezca la pena, que mi nueva obra de la que hablaré en la siguiente entrada vea la luz sin más problemas y que lentamente todo vuelva a la normalidad, con más eventos a los que asistir, ideas que desarrollar y por qué no, libros que publicar, sean autoeditados o no.
jueves, 20 de junio de 2019
Maricón Nocturno, justicia arcoiris
Cuando creé este
blog, allá a principios de 2017, lo hice con la intención de
promocionar mi literatura, ofrecer ayuda a escritores noveles (o más
noveles que yo, por lo menos) y también reseñar libros ajenos para
compartir experiencias de lectura y que esto no se convirtiera en el
festival de ego que suele ser todo lo que toco. Pero por algún
motivo, quizás pereza, desidia o simplemente porque no leo tanto ni
tan bien, no me había atrevido a reseñar un libro ajeno hasta
ahora. Y a pesar de que sigo sintiendo la inseguridad que proporciona
la idea de "¿A quién le importa mi opinión?", creo que
este libro merece ser comentado por su contenido, estilo, ritmo y por
lo salvaje de la propuesta. Estoy hablando de "Maricón
nocturno: Justícia arcoiris" escrito por Héctor Rubio,
compañero de No Es Un Hobby y gran persona. Vamos allá.
Reconozco que soy un
cobarde y un miserable pues aunque conocía este libro y me llamó la
atención desde el primer momento, no fue hasta que su autor puso la
versión digital del mismo temporalmente de forma gratuita, no me
hice con él. Y lo que encontré fue una novela muy breve (unas
16.000 palabras, lo que se resume en sesenta y pocas páginas) que
comenzaba con un buen número de advertencias por parte del autor,
supongo que temeroso de levantar ampollas a causa de los tópicos a
usar en su obra. Y no era para menos.
La acción
transcurre en una ciudad (Barcelona quizás) repleta de tópicos y
clichés tan evidentes y exagerados que rozan la parodia y alejan al
lector de los prejuicios típicos que una lectura así podría
alimentar.
Maricón Nocturno
resulta ser una especie de superhéroe que patrulla las calles al
anochecer evitando todo tipo de violencia como robos, violaciones y
sobretodo ataques homófobos. Es en este último caso cuando el autor
muestra todo su potencial sin escatimar en escenas violentas con un
héroe que rompe mandíbulas, hace volar dientes y que incluso
sodomiza a los agresores.
Por supuesto la
historia tiene a un antagonista que es Gabriel, un policía que ha
perdido totalmente el control de su vida y que se ve obligado a salir
de sus rutinas de alcohol, videoconsola y masturbaciones sistemáticas
para dar caza al justiciero.
Y como no, los
malos, una banda de latinos machirulos que han decidido acabar con
todo el colectivo lgtbi, poniéndose en el punto de mira de Maricón
Nocturno.
Pero aunque hasta
aquí el argumento nos parezca algo simplón, Héctor sabe dotarle de
un toque único y un ritmo que hace difícil apartar la vista del
papel (en mi caso la pantalla del ordenador) hasta que todo se
resuelve. Y como se resuelve...
En definitiva y
resumiendo mucho, Maricón Nocturno es una lectura rápida, fácil y
entretenida que nos arrancará unas risas y nos hará pensar también
en que es una ficción disparatada pero que se asienta sobre los
cimientos reales de una sociedad a la que todavía le queda mucho por
aprender. Es una lectura para la que hay que abrir la mente (y quizás
otras cosas) para poder disfrutarla con todo su esplendor. Y como no,
Héctor Rubio, autor también de Paranimals, un escritor al que hay
que seguirle la pista.
Más información en
https://www.voragine.digital/
Descarga el libro
aquí https://lektu.com/l/voragine-digital/maricon-nocturno/10322
Y aquí el booktrailer de la obra.
lunes, 20 de mayo de 2019
Una tertulia literaria
Son muchas las veces
en las que pienso que estoy haciendo las cosas mal. No dejo de ver
por las redes a escritores que venden libros y ven sus grupos de
seguidores aumentando sin parar gracias a estrategias como centrarse
en un único género, ceñirse a una única forma de publicación (a
través de Amazon generalmente) y a trabajar, casi a tiempo completo,
en las redes sociales. Por lo visto esa combinación de trabajo bien
hecho, constancia y, por qué no decirlo, publicidad bien colocada,
en algunos casos dan sus frutos con el tiempo. Pero yo no soy capaz
de eso.
La regularidad con
la que escribo se rompe al toparse con los distintos formatos que doy
a mis libros, las maneras de presentarlos y promocionarlos, las dudas
que me surgen a la hora de ofrecerlos al público y con mi escasa
habilidad en internet, algo esencial hoy en día para darse a
conocer. A veces me siento como si estuviera ante una barrera
invisible que me impide avanzar en ciertas direcciones y que me
resulta imposible romper. Reconozco que me frustro más de lo que me
gustaría y que en ocasiones me dan ganas de hacer borrón y cuenta
nueva, vender mi alma a alguna de esas "editoriales" que
les ponen sellos de colorines a los libros y dejarme llevar por la
apacible corriente de las ilusiones literarias. Pero siempre, de un
modo u otro, acabo buscando la satisfacción en la cercanía,
apuntándome a proyectos diferentes y rompiendo otras barreras que
quizás no conduzcan al éxito y a la fama pero me proporcionan
satisfacción a nivel personal. Y este fin de semana pude hacer algo
de lo que estoy orgulloso.
Hace unas semanas
decidí colaborar con otra de las actividades (de la anterior hablé
en la entrada que hay más abajo) que organiza periódicamente el PEC
(Punto de encuentro cultural de Novelda) y que consiste en realizar
tertulias alrededor de una mesa para tratar temas relacionados con el
arte y/o la cultura. Elegí hablar de la literatura "pulp"
y su influencia en el arte audiovisual de la actualidad y a pesar de
que la palabra "tertulia" implica que no iba a hablar solo
yo, me preparé un texto extenso por si el público era escaso o
menos participativo de lo esperado. Reconozco que llegué al lugar
dudando. Se me da bien el entretener con mis textos y ocurrencias
pero lo de esa tarde iba a ser pura teoría y hacer que la gente se
aburra no entraba en mis planes, pero nada más lejos de la realidad.
El público fue
numeroso para lo que suelo reunir, aunque menor que en anteriores
encuentros por lo que me comentaron los organizadores, y pareció
interesado por el tema a tratar. Debate hubo poco pero sí preguntas,
comentarios y dudas que por lo general supe responder. Me encontré
con caras nuevas, lo cual siempre es satisfactorio porque me permitió
salir del cómodo público formado por familiares y amigos que
habitualmente tengo y al final incluso me animé pude levantarme de
la silla para relatar un pasaje bíblico (el primer relato pulp de la
historia según los expertos en esa disciplina) en tono de humor, que
lejos de levantar ampollas (temía que hubiera público religioso que
pudiera ofenderse) pareció gustar.
Y después de
escabullirme de los apretones de manos y las felicitaciones por el
trabajo bien hecho volví a casa, preparé las cosas para enfrentarme
a otra semana de trabajo normal de persona normal en un ejercicio de
readaptación a la realidad que ya practico como un ritual. Como una
purga. Como un quitarme el disfraz de escritor para volver a ser ese
camionero hastiado... Aunque cada vez me siento más como si en
realidad el disfraz fuera el otro, cubriendo con pudor al escritor
que llevo dentro y que de vez en cuando se atreve a dar la cara en
pequeñas manifestaciones como la tertulia de este fin de semana.
domingo, 14 de abril de 2019
13 voces
Hará cosa de dos
meses me topé por la calle con V y G, conocidos míos de haber
participado en el taller de literatura que impartí el año pasado y
entusiastas del arte y la cultura, quienes me comentaron que llevaban
en mente realizar un evento relacionado con la pintura y la poesía,
al que accedí participar con los ojos cerrados. Llevaba ya algún
tiempo inactivo y sin hacer apariciones públicas y tenía ganas de
volver a pisar un escenario y ponerme detrás del micrófono.
Pero a medida que el
tiempo pasaba comencé a dudar. ¿Pintura? Yo no tenía ni idea de
pintura, ni siquiera conocidos aficionados a este arte, por lo que
acudí en ayuda de B y P, también antiguas alumnas con la esperanza
de que se animaran a participar y de paso, convocaran a conocidas
suyas para ir rellenando el elenco de participantes.
Afortunadamente
parecía que el concepto de "arte gráfico" abarcaba
elementos desde las pinturas rupestres de Atapuerca hasta el diseño
digital, lo cual me daba un margen más que aceptable para basar mi
intervención en el cómic, algo que sí conozco. Comencé a rebuscar
desesperado entre mis estanterías y entre Tortugas ninja, Bola de
Drac, Hokuto no Ken y Mutant Chronicles encontré los cuatro números
de la primera edición española de "El Cuervo" de James
O'Barr, una historia doblemente dramática, tanto en la vida real
como en la ficción. Parecía que al final sí que iba a encajar en
el evento, cerrándolo además ya que iría en orden cronológico y
me lancé a la piscina. Figuradamente, por supuesto, ya que no sé
nadar ni pienso aprender nunca.
| El equipo casi al completo |
Y llegó el día.
Trece personas de edades variopintas. Trece formas de entender el
arte. Trece voces únicas. Se apagaron las luces, se abrió el telón
, y ante un público expectante comenzaron a desfilar, una tras
otra, desgranando palabra tras palabra, siglo a siglo,
personalidades, estilos, tormentos y romances. Esperando mi turno
habría dado un brazo por saber qué estaba pensando ese público
silencioso. ¿Les estaría gustando o mirarían impacientes sus
relojes deseando que se encendieran las luces? Reconozco que me puse
nervioso, y no por falta de costumbre a enfrentarme al público sino
porque esta vez no dependía solo de mi. Mis doce compañeros
terminaron sus actuaciones magistrales ante mis ojos y llegó mi
turno. No había lugar para la improvisación ni el chiste fácil. No
podía fallarles. Y recité lo mejor que pude esas palabras que
escribí también de la mejor manera posible. Silencio, luego
aplausos, todos reunidos para la foto y entonces al mirarnos
detenidamente me di cuenta sin necesidad de esperar opiniones
externas, que todo había salido de maravilla. Trabajamos como un
equipo que a base de pasión y voluntad había creado un vínculo
invisible, algo mágico, que por un momento se convirtió en algo
infalible, indestructible, como el Sol Invictus que proclamó en su
día Elagàbal.
Después de eso
sonrisas de satisfacción, enhorabuenas, palmaditas en la espalda y
apretones de manos. Hasta la próxima, tenemos que repetir y seguimos
en contacto; pásame esas fotos, no sabía que esa era tu madre y
hazme follou en instagram. Nos despedimos, humanos de nuevo, tras ese
momento de divinidad. Y es que a veces sienta bien lograr esa
conexión que te hace flotar, pero siempre es reconfortante encontrar
un suelo en el que apoyar los pies.
Y aunque dicen que
los buenos poetas son aquellos que queman sus obras tras recitarlas,
yo no me considero uno de ellos y voy a exponer aquí la mía.
Naciste
de oscuridad, dolor, rabia,
zarcillos
de sombras cubriendo toda razón.
Emergiste
como una ballena herida por arpones oxidados,
tiñendo
de rojo toda visión.
La
noche en la que ese teléfono no dejaba de sonar,
las
luces se apagaron y su imagen de desvaneció del presente/ y el
futuro.
El
instante en el que el latido cesó para ser sustituido por el tínitus
agudo de un dolor que no haría más que aumentar.
Naciste
de frío, miedo, vacío,
puño
en alto clamando venganza.
Te
hundiste como la ballena muerta que nadie reclama,
llenando
de sombras el fondo del mar.
El
día que el sol salió para todos excepto tu,
y
aprendiste que aunque nunca llueve para siempre, hay manchas que
jamás desaparecen.
El
momento en el que el cuervo se metió en tu cabeza pidiéndote que no
miraras/ a los ojos de la muerte.
PD: Quizás no he
dicho que escribí un texto sobre una segunda obra, pero se trata de
un olvido premeditado. Esta segunda la voy a ocultar en el
escondite habitual.
lunes, 8 de abril de 2019
La importancia de la foto
El otro día estaba
viendo (de reojo pero lo estaba viendo) uno de esos programas de
famoseo y aparecía un señor denunciando una supuesta campaña de
marketing fraudulenta orquestada por un famosete de tres al cuarto
ahora convertido en “exitoso” disc jockey. Por lo visto ese
famoso, bien situado económicamente, había comprado varias
actuaciones, además del público para que la gente creyera que
estaba triunfando cuando en realidad no era así. ¿Y por qué
querría alguien comprar un supuesto éxito? Supongo que por temas de
ego, autoestima, falta de tiempo, exceso de dinero o, como es el tema
del que quiero hablar hoy aquí, publicidad.
Hoy en día las
redes sociales lo salpican todo. Cuando vemos un nombre desconocido
en alguna parte solo tenemos que sacar el móvil de nuestra riñonera,
escribirlo en el Google y a no ser que se trate de algún outsider,
tendremos su foto y sus datos básicos en la palma de nuestra mano. Y
con ello tendremos también una primera impresión. ¿A qué se
dedica? ¿Como viste? ¿Cuales son sus inclinaciones políticas e
ideológicas? Y es por este mismo motivo, por esta dualidad entre el
exhibicionismo y la ausencia de privacidad que todos mostramos
nuestra mejor cara en las redes. Y al tema escritura me remito.
Perico de los
palotes, escritor. Por poner un ejemplo, ya lo habréis notado. Le
buscamos en el google porque vamos a compartir mesa con él en una
firma, feria o lo que sea y vemos su instagram. Aparece un señor
hablando por un micrófono ante una audiencia que le escuchan
expectantes, luego en la puerta de una librería donde tiene una
estantería para él solito exhibiendo su libro, otra firmando
ejemplares a una pareja que le miran con ojos amorosos de fan devoto,
exhibiendo muy serio un contrato editorial, en una entrevista en la
Cadena Cope… Y pensamos “este tío lo peta”.
Luego nos
encontramos con él y tras un rato hablando descubrimos que esa
audiencia de la presentación era su familia y amigos, el de la
librería le colocó la estantería solo para hacerse la foto, la
pareja que le pedían el autógrafo su hermana y cuñado, el contrato
editorial era de una empresa de servicios editoriales y lo de la
radio… Un amigo de su mujer trabaja allí y la emitieron un
miércoles a las cuatro de la madrugada.
Y entonces
descubrimos que ese señor que parecía estar en la cima del mundo en
realidad es otro miserable que pelea por lograr una venta, algo de
reconocimiento y visibilidad y que sin el apoyo de sus allegados más
le valdría escribir en un blog y dejarse de ínfulas literarias.
“Qué cabrón
Perico de los Palotes, como engaña a la gente” podríamos pensar,
pero seguramente con un rápido vistazo a nuestras propias redes
sociales descubriríamos que nosotros hacemos lo mismo al fin y al
cabo. Ponemos la foto familiar de ese día que fuimos a Disneylandia
en lugar de la comida a base de sobras recalentadas del domingo
pasado, el descenso en mountain bike que nos marcamos hace quince
días con ese equipo que ya no nos hemos vuelto a poner, en lugar del
habitual paseo con las niñas por el carril bici y si nos metemos en
el tema literatura… Nadie le pide al fotógrafo que saque una de
las sillas vacías, la gente que lee otros libros o de tu cara de
desesperación en esa feria del libro en la que nadie se acerca a ti
ni para saludarte.
Nadie quiere fotos
de la normalidad. Hay que mostrar, lógicamente el lado brillante. Y
volvemos al famosete de antes.
El famosete compra
una foto de éxito donde no lo hay. El fotógrafo hace su trabajo y
no le acompaña a su casa a retratar como se come un plato de
macarrones con tomate. Pero ese famosete sube a Twitter la foto
diciendo “Llenazo total esta noche en la sala Tal” y el público
se creen que así ha sido, que si ha acudido tanta gente será porque
ese tipo al fin y al cabo sabe, que qué pena no poder haber acudido
y con un poco de suerte a la próxima ocasión no fallarán. El
marketing va dando sus frutos. Si a ese escritor le entrevistan en la
Cope será por algo, habrá que acercarse a su próxima presentación
no sea cosa que nos estemos perdiendo algo importante.
Y así estamos,
añadiendo la profesión de actor a cualquier otra que tengamos,
sacando fotos y contando anécdotas en el lado de la luz y reptando
cuales gusanos por los rincones cuando los focos se apagan. Soñando
con meternos en una crisálida para reaparecer alados y coloridos
cuando no queremos darnos cuenta que nosotros no somos gusanos de
esos. Somos de los que son siempre gusanos y solo vuelan cuando caen
por el borde de la mesa.
Pero qué bonitas
las fotos puestas en el Instagram así ordenaditas para que todos
vean lo que nos lo curramos y como molamos.
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Amor de primate. Una breve novelita de muy pocos megabytes.
Hay quien dice por ahí que los buenos tiempos del papel ya han llegado a su fin; que entre pdfs, kindles, podcasts y audiolibros, el libro t...
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Hay quien dice por ahí que los buenos tiempos del papel ya han llegado a su fin; que entre pdfs, kindles, podcasts y audiolibros, el libro t...
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* La revisión de un texto es algo completamente necesario una vez éste está terminado. En la revisión se pulen detalles, se elimina...
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La adolescencia siempre resulta ser una etapa compleja a nivel personal, de identidad y de interacciones con otros seres humanos. ...






