jueves, 15 de agosto de 2019

"Los olivos no rezan", de Toni Diaz


“Los olivos no rezan” es una novela escrita por Toni Díaz y publicada por “Edicions locals” que representa la continuación (y final) de la historia contada en “De París a Barcelona”, obra del mismo autor y editor. Tuve la suerte de conocer a Toni personalmente hace poco y acudir a la presentación de este libro donde aseguró que a pesar de tratarse de una segunda parte, era perfectamente comprensible como historia independiente, por lo que conocedor de la dificultad que eso entraña, decidí comprarla para comprobar si era cierto, y también como reto personal, ya que no soy muy aficionado a la novela negra y de vez en cuando viene bien abrir un poco la mente.

Una vez lo tuve en mi casa y comencé a leerlo, debo reconocer que la primera impresión no fue especialmente buena. No solo tenía el género en mi contra si no que al tocar el tema de la mafia, el narcotráfico y la prostitución, que no son asuntos que me resulten gratos debido a motivos personales, hicieron que me planteara seriamente dejarlo abandonado. Y abro paréntesis.

No sé si soy yo es el mundo, pero últimamente siento cierto placer en dejar libros a medias, como si algo dentro de mi se sintiera bien al ser capaz de desestimar algunas obras en detrimento de otras, con una especie de sentido crítico implacable. Pero finalmente por cercanía con el autor, decidí seguir un poco más. Y no me arrepiento de ello. Cierro paréntesis.

Después de unas primeras páginas algo confusas por la presentación de personajes (supongo que de la novela anterior) y una prosa quizás demasiado descriptiva para lo que estoy acostumbrado a leer, la novela va cogiendo ritmo. Y qué ritmo.  No sólo la trama principal se convierte en algo complejo y emocionante si no que las escenas de acción, que las hay y muchas tal y como requiere el argumento, resultan estar perfectamente descritas por Toni que crea unas coreografías muy visuales para describir desde peleas de bar hasta tiroteos a gran escala.

A lo largo de la novela nos encontramos con una gran variedad de personajes, casi todos ellos de dudosa moralidad y código ético pero con la suficiente personalidad como para que empaticemos con algunos de ellos y acabemos odiando a los otros, lo cuan convierten la lectura en algo ameno a la par que emocionante.

Y así a modo de resumen final sólo diré que “Los olivos no rezan” es una lectura que recomiendo, se haya leído la primera parte o no, seas aficionado a la novela negra o no y por supuesto, una lectura que recomiendo a quien le guste leer, así en general, y que sea capaz de entender que algunas veces, los buenos libros no se encuentran en las estanterías de grandes cadenas de librerías si no en las manos de pequeños autores, algunos de ellos como en el caso de Toni muy jóvenes, y que no tienen nada que envidiar a escritores consagrados que todos conocemos.

lunes, 29 de julio de 2019

El fin del proceso creativo


Los procesos creativos que llevan hasta la publicación de una obra escrita, como puede ser el caso de una novela, son tan variados como escritores haya. Cada autor tiene su propia forma de buscar la inspiración, estructurar sus ideas y plasmarlo en el papel. Pero a partir de ahí, cuando el manuscrito está listo y se busca darle forma física para poder presentarlo al público, el proceso es siempre el mismo. Pero no por ello resulta más fácil o relajado.

En estos momentos tengo mi próxima obra escrita, revisada, corregida y con algo de esfuerzo (reconozco que me ha resultado imposible solicitar un número de depósito legal por Internet a pesar de la cantidad de opciones y modos de hacerlo), he logrado llegar al paso final que es mandarlo a imprenta. Y este es precisamente el momento más complejo y que me produce mayores inseguridades. ¿Estarán correctos los archivos que he mandado? ¿Habré elegido bien el tipo de papel, encuadernación, cubiertas..? ¿Serán los tipos de la imprenta lo suficientemente profesionales como para revisar los archivos antes de transformarlos en papel? ¿Llegarán los libros a tiempo a mi casa para cumplir los plazos que yo mismo me he puesto para el lanzamiento y la presentación? Y toda esta incertidumbre se traduce en estrés, en dormir regulinchi, en no dejar de mirar el correo electrónico a la espera de noticias y en definitiva a un estado de expectación continuo que me hace replantearme esta forma de trabajar.

Y al final llego a la conclusión de que quizás no quiero seguir autoeditándome; que puede que lo mejor sea buscar una editorial pequeña, a pesar de las malas prácticas que utilizan la mayoría, quizás incluso una empresa de servicios editoriales que me cobre de más pero a la que poder volcar todas las responsabilidades y escudarme tras ella para evitar toda mala sensación. Quizás sea lo más sencillo, rápido y que finalmente me reporte los mismos beneficios, es decir el simple hecho de sacar una obra a la calle y exponerla a mi antojo y dentro de mis limitadas posibilidades.
El problema es que creo en la autoedición. Creo en lo que hago y en cómo lo hago. Creo que como autor independiente y muy minoritario nadie tiene por qué beneficiarse de lo que hago más que yo. Y creo que al final, de algún modo que todavía no llegó a vislumbrar, será beneficioso para mí el tener el control total sobre mis obras. Aunque esto último es más una sensación que una certeza bien definida. Pero vuelvo al principio.

He llegado al final de un proceso creativo que me ha llevado casi dos años de dedicar mis ideas casi exclusivamente a este proyecto y ahora me siento agotado e incapaz de escribir nada más hasta que no pase un tiempo en el que pueda relajarme, coger aire y pensar en cual será mi próximo movimiento. Es como terminar una maratón y regresar a casa, tirarse en el sofá y poner música. Y eso se nota en mis blogs, cada vez más abandonados, mis redes sociales y en todo aquello que implique cierta constáncia. Pero solo espero que merezca la pena, que mi nueva obra de la que hablaré en la siguiente entrada vea la luz sin más problemas y que lentamente todo vuelva a la normalidad, con más eventos a los que asistir, ideas que desarrollar y por qué no, libros que publicar, sean autoeditados o no.

jueves, 20 de junio de 2019

Maricón Nocturno, justicia arcoiris


Cuando creé este blog, allá a principios de 2017, lo hice con la intención de promocionar mi literatura, ofrecer ayuda a escritores noveles (o más noveles que yo, por lo menos) y también reseñar libros ajenos para compartir experiencias de lectura y que esto no se convirtiera en el festival de ego que suele ser todo lo que toco. Pero por algún motivo, quizás pereza, desidia o simplemente porque no leo tanto ni tan bien, no me había atrevido a reseñar un libro ajeno hasta ahora. Y a pesar de que sigo sintiendo la inseguridad que proporciona la idea de "¿A quién le importa mi opinión?", creo que este libro merece ser comentado por su contenido, estilo, ritmo y por lo salvaje de la propuesta. Estoy hablando de "Maricón nocturno: Justícia arcoiris" escrito por Héctor Rubio, compañero de No Es Un Hobby y gran persona. Vamos allá.

Reconozco que soy un cobarde y un miserable pues aunque conocía este libro y me llamó la atención desde el primer momento, no fue hasta que su autor puso la versión digital del mismo temporalmente de forma gratuita, no me hice con él. Y lo que encontré fue una novela muy breve (unas 16.000 palabras, lo que se resume en sesenta y pocas páginas) que comenzaba con un buen número de advertencias por parte del autor, supongo que temeroso de levantar ampollas a causa de los tópicos a usar en su obra. Y no era para menos.

La acción transcurre en una ciudad (Barcelona quizás) repleta de tópicos y clichés tan evidentes y exagerados que rozan la parodia y alejan al lector de los prejuicios típicos que una lectura así podría alimentar.
Maricón Nocturno resulta ser una especie de superhéroe que patrulla las calles al anochecer evitando todo tipo de violencia como robos, violaciones y sobretodo ataques homófobos. Es en este último caso cuando el autor muestra todo su potencial sin escatimar en escenas violentas con un héroe que rompe mandíbulas, hace volar dientes y que incluso sodomiza a los agresores.
Por supuesto la historia tiene a un antagonista que es Gabriel, un policía que ha perdido totalmente el control de su vida y que se ve obligado a salir de sus rutinas de alcohol, videoconsola y masturbaciones sistemáticas para dar caza al justiciero.
Y como no, los malos, una banda de latinos machirulos que han decidido acabar con todo el colectivo lgtbi, poniéndose en el punto de mira de Maricón Nocturno.

Pero aunque hasta aquí el argumento nos parezca algo simplón, Héctor sabe dotarle de un toque único y un ritmo que hace difícil apartar la vista del papel (en mi caso la pantalla del ordenador) hasta que todo se resuelve. Y como se resuelve...

En definitiva y resumiendo mucho, Maricón Nocturno es una lectura rápida, fácil y entretenida que nos arrancará unas risas y nos hará pensar también en que es una ficción disparatada pero que se asienta sobre los cimientos reales de una sociedad a la que todavía le queda mucho por aprender. Es una lectura para la que hay que abrir la mente (y quizás otras cosas) para poder disfrutarla con todo su esplendor. Y como no, Héctor Rubio, autor también de Paranimals, un escritor al que hay que seguirle la pista.

Más información en https://www.voragine.digital/


Y aquí el booktrailer de la obra.


lunes, 20 de mayo de 2019

Una tertulia literaria



Son muchas las veces en las que pienso que estoy haciendo las cosas mal. No dejo de ver por las redes a escritores que venden libros y ven sus grupos de seguidores aumentando sin parar gracias a estrategias como centrarse en un único género, ceñirse a una única forma de publicación (a través de Amazon generalmente) y a trabajar, casi a tiempo completo, en las redes sociales. Por lo visto esa combinación de trabajo bien hecho, constancia y, por qué no decirlo, publicidad bien colocada, en algunos casos dan sus frutos con el tiempo. Pero yo no soy capaz de eso.

La regularidad con la que escribo se rompe al toparse con los distintos formatos que doy a mis libros, las maneras de presentarlos y promocionarlos, las dudas que me surgen a la hora de ofrecerlos al público y con mi escasa habilidad en internet, algo esencial hoy en día para darse a conocer. A veces me siento como si estuviera ante una barrera invisible que me impide avanzar en ciertas direcciones y que me resulta imposible romper. Reconozco que me frustro más de lo que me gustaría y que en ocasiones me dan ganas de hacer borrón y cuenta nueva, vender mi alma a alguna de esas "editoriales" que les ponen sellos de colorines a los libros y dejarme llevar por la apacible corriente de las ilusiones literarias. Pero siempre, de un modo u otro, acabo buscando la satisfacción en la cercanía, apuntándome a proyectos diferentes y rompiendo otras barreras que quizás no conduzcan al éxito y a la fama pero me proporcionan satisfacción a nivel personal. Y este fin de semana pude hacer algo de lo que estoy orgulloso.

Hace unas semanas decidí colaborar con otra de las actividades (de la anterior hablé en la entrada que hay más abajo) que organiza periódicamente el PEC (Punto de encuentro cultural de Novelda) y que consiste en realizar tertulias alrededor de una mesa para tratar temas relacionados con el arte y/o la cultura. Elegí hablar de la literatura "pulp" y su influencia en el arte audiovisual de la actualidad y a pesar de que la palabra "tertulia" implica que no iba a hablar solo yo, me preparé un texto extenso por si el público era escaso o menos participativo de lo esperado. Reconozco que llegué al lugar dudando. Se me da bien el entretener con mis textos y ocurrencias pero lo de esa tarde iba a ser pura teoría y hacer que la gente se aburra no entraba en mis planes, pero nada más lejos de la realidad.

El público fue numeroso para lo que suelo reunir, aunque menor que en anteriores encuentros por lo que me comentaron los organizadores, y pareció interesado por el tema a tratar. Debate hubo poco pero sí preguntas, comentarios y dudas que por lo general supe responder. Me encontré con caras nuevas, lo cual siempre es satisfactorio porque me permitió salir del cómodo público formado por familiares y amigos que habitualmente tengo y al final incluso me animé pude levantarme de la silla para relatar un pasaje bíblico (el primer relato pulp de la historia según los expertos en esa disciplina) en tono de humor, que lejos de levantar ampollas (temía que hubiera público religioso que pudiera ofenderse) pareció gustar.

Y después de escabullirme de los apretones de manos y las felicitaciones por el trabajo bien hecho volví a casa, preparé las cosas para enfrentarme a otra semana de trabajo normal de persona normal en un ejercicio de readaptación a la realidad que ya practico como un ritual. Como una purga. Como un quitarme el disfraz de escritor para volver a ser ese camionero hastiado... Aunque cada vez me siento más como si en realidad el disfraz fuera el otro, cubriendo con pudor al escritor que llevo dentro y que de vez en cuando se atreve a dar la cara en pequeñas manifestaciones como la tertulia de este fin de semana.

domingo, 14 de abril de 2019

13 voces


Hará cosa de dos meses me topé por la calle con V y G, conocidos míos de haber participado en el taller de literatura que impartí el año pasado y entusiastas del arte y la cultura, quienes me comentaron que llevaban en mente realizar un evento relacionado con la pintura y la poesía, al que accedí participar con los ojos cerrados. Llevaba ya algún tiempo inactivo y sin hacer apariciones públicas y tenía ganas de volver a pisar un escenario y ponerme detrás del micrófono.

Pero a medida que el tiempo pasaba comencé a dudar. ¿Pintura? Yo no tenía ni idea de pintura, ni siquiera conocidos aficionados a este arte, por lo que acudí en ayuda de B y P, también antiguas alumnas con la esperanza de que se animaran a participar y de paso, convocaran a conocidas suyas para ir rellenando el elenco de participantes.

La actividad iba tomando forma. Había que seleccionar libremente una obra de arte de cualquier época y escribir un texto poético sobre ella para leerlo a la vez que esa obra se proyectara al público. Teníamos evento definido y gente para llevarlo a cabo pero yo seguía con mi problema inicial. Seguía sin tener ni idea de arte. Y seamos realistas... ya estoy muy mayor para ponerme a estudiar.

Afortunadamente parecía que el concepto de "arte gráfico" abarcaba elementos desde las pinturas rupestres de Atapuerca hasta el diseño digital, lo cual me daba un margen más que aceptable para basar mi intervención en el cómic, algo que sí conozco. Comencé a rebuscar desesperado entre mis estanterías y entre Tortugas ninja, Bola de Drac, Hokuto no Ken y Mutant Chronicles encontré los cuatro números de la primera edición española de "El Cuervo" de James O'Barr, una historia doblemente dramática, tanto en la vida real como en la ficción. Parecía que al final sí que iba a encajar en el evento, cerrándolo además ya que iría en orden cronológico y me lancé a la piscina. Figuradamente, por supuesto, ya que no sé nadar ni pienso aprender nunca.

El equipo casi al completo

Y llegó el día. Trece personas de edades variopintas. Trece formas de entender el arte. Trece voces únicas. Se apagaron las luces, se abrió el telón , y ante un público expectante comenzaron a desfilar, una tras otra, desgranando palabra tras palabra, siglo a siglo, personalidades, estilos, tormentos y romances. Esperando mi turno habría dado un brazo por saber qué estaba pensando ese público silencioso. ¿Les estaría gustando o mirarían impacientes sus relojes deseando que se encendieran las luces? Reconozco que me puse nervioso, y no por falta de costumbre a enfrentarme al público sino porque esta vez no dependía solo de mi. Mis doce compañeros terminaron sus actuaciones magistrales ante mis ojos y llegó mi turno. No había lugar para la improvisación ni el chiste fácil. No podía fallarles. Y recité lo mejor que pude esas palabras que escribí también de la mejor manera posible. Silencio, luego aplausos, todos reunidos para la foto y entonces al mirarnos detenidamente me di cuenta sin necesidad de esperar opiniones externas, que todo había salido de maravilla. Trabajamos como un equipo que a base de pasión y voluntad había creado un vínculo invisible, algo mágico, que por un momento se convirtió en algo infalible, indestructible, como el Sol Invictus que proclamó en su día Elagàbal.

Después de eso sonrisas de satisfacción, enhorabuenas, palmaditas en la espalda y apretones de manos. Hasta la próxima, tenemos que repetir y seguimos en contacto; pásame esas fotos, no sabía que esa era tu madre y hazme follou en instagram. Nos despedimos, humanos de nuevo, tras ese momento de divinidad. Y es que a veces sienta bien lograr esa conexión que te hace flotar, pero siempre es reconfortante encontrar un suelo en el que apoyar los pies.

Y aunque dicen que los buenos poetas son aquellos que queman sus obras tras recitarlas, yo no me considero uno de ellos y voy a exponer aquí la mía. 


Naciste de oscuridad, dolor, rabia,
zarcillos de sombras cubriendo toda razón.
Emergiste como una ballena herida por arpones oxidados,
tiñendo de rojo toda visión.

La noche en la que ese teléfono no dejaba de sonar,
las luces se apagaron y su imagen de desvaneció del presente/ y el futuro.
El instante en el que el latido cesó para ser sustituido por el tínitus agudo de un dolor que no haría más que aumentar.

Naciste de frío, miedo, vacío,
puño en alto clamando venganza.
Te hundiste como la ballena muerta que nadie reclama,
llenando de sombras el fondo del mar.

El día que el sol salió para todos excepto tu,
y aprendiste que aunque nunca llueve para siempre, hay manchas que jamás desaparecen.
El momento en el que el cuervo se metió en tu cabeza pidiéndote que no miraras/ a los ojos de la muerte.


PD: Quizás no he dicho que escribí un texto sobre una segunda obra, pero se trata de un olvido premeditado. Esta segunda la voy a ocultar en el escondite habitual.

lunes, 8 de abril de 2019

La importancia de la foto


El otro día estaba viendo (de reojo pero lo estaba viendo) uno de esos programas de famoseo y aparecía un señor denunciando una supuesta campaña de marketing fraudulenta orquestada por un famosete de tres al cuarto ahora convertido en “exitoso” disc jockey. Por lo visto ese famoso, bien situado económicamente, había comprado varias actuaciones, además del público para que la gente creyera que estaba triunfando cuando en realidad no era así. ¿Y por qué querría alguien comprar un supuesto éxito? Supongo que por temas de ego, autoestima, falta de tiempo, exceso de dinero o, como es el tema del que quiero hablar hoy aquí, publicidad.

Hoy en día las redes sociales lo salpican todo. Cuando vemos un nombre desconocido en alguna parte solo tenemos que sacar el móvil de nuestra riñonera, escribirlo en el Google y a no ser que se trate de algún outsider, tendremos su foto y sus datos básicos en la palma de nuestra mano. Y con ello tendremos también una primera impresión. ¿A qué se dedica? ¿Como viste? ¿Cuales son sus inclinaciones políticas e ideológicas? Y es por este mismo motivo, por esta dualidad entre el exhibicionismo y la ausencia de privacidad que todos mostramos nuestra mejor cara en las redes. Y al tema escritura me remito.

Perico de los palotes, escritor. Por poner un ejemplo, ya lo habréis notado. Le buscamos en el google porque vamos a compartir mesa con él en una firma, feria o lo que sea y vemos su instagram. Aparece un señor hablando por un micrófono ante una audiencia que le escuchan expectantes, luego en la puerta de una librería donde tiene una estantería para él solito exhibiendo su libro, otra firmando ejemplares a una pareja que le miran con ojos amorosos de fan devoto, exhibiendo muy serio un contrato editorial, en una entrevista en la Cadena Cope… Y pensamos “este tío lo peta”.
Luego nos encontramos con él y tras un rato hablando descubrimos que esa audiencia de la presentación era su familia y amigos, el de la librería le colocó la estantería solo para hacerse la foto, la pareja que le pedían el autógrafo su hermana y cuñado, el contrato editorial era de una empresa de servicios editoriales y lo de la radio… Un amigo de su mujer trabaja allí y la emitieron un miércoles a las cuatro de la madrugada.
Y entonces descubrimos que ese señor que parecía estar en la cima del mundo en realidad es otro miserable que pelea por lograr una venta, algo de reconocimiento y visibilidad y que sin el apoyo de sus allegados más le valdría escribir en un blog y dejarse de ínfulas literarias.

“Qué cabrón Perico de los Palotes, como engaña a la gente” podríamos pensar, pero seguramente con un rápido vistazo a nuestras propias redes sociales descubriríamos que nosotros hacemos lo mismo al fin y al cabo. Ponemos la foto familiar de ese día que fuimos a Disneylandia en lugar de la comida a base de sobras recalentadas del domingo pasado, el descenso en mountain bike que nos marcamos hace quince días con ese equipo que ya no nos hemos vuelto a poner, en lugar del habitual paseo con las niñas por el carril bici y si nos metemos en el tema literatura… Nadie le pide al fotógrafo que saque una de las sillas vacías, la gente que lee otros libros o de tu cara de desesperación en esa feria del libro en la que nadie se acerca a ti ni para saludarte.
Nadie quiere fotos de la normalidad. Hay que mostrar, lógicamente el lado brillante. Y volvemos al famosete de antes.

El famosete compra una foto de éxito donde no lo hay. El fotógrafo hace su trabajo y no le acompaña a su casa a retratar como se come un plato de macarrones con tomate. Pero ese famosete sube a Twitter la foto diciendo “Llenazo total esta noche en la sala Tal” y el público se creen que así ha sido, que si ha acudido tanta gente será porque ese tipo al fin y al cabo sabe, que qué pena no poder haber acudido y con un poco de suerte a la próxima ocasión no fallarán. El marketing va dando sus frutos. Si a ese escritor le entrevistan en la Cope será por algo, habrá que acercarse a su próxima presentación no sea cosa que nos estemos perdiendo algo importante.
Y así estamos, añadiendo la profesión de actor a cualquier otra que tengamos, sacando fotos y contando anécdotas en el lado de la luz y reptando cuales gusanos por los rincones cuando los focos se apagan. Soñando con meternos en una crisálida para reaparecer alados y coloridos cuando no queremos darnos cuenta que nosotros no somos gusanos de esos. Somos de los que son siempre gusanos y solo vuelan cuando caen por el borde de la mesa.

Pero qué bonitas las fotos puestas en el Instagram así ordenaditas para que todos vean lo que nos lo curramos y como molamos.

domingo, 3 de marzo de 2019

Tras la "Deconstrucción de un relato"

La Biblioteca Sebastiá Joan Arbó.

Por lo general después de realizar cierto tipo de eventos como charlas, presentaciones o híbridos de ambas como ha sido este último caso, dejo pasar algunos días antes de escribir mis impresiones y por lo general acabo no haciéndolo o descartándolo al dejarme llevar por mi habitual derrotismo.
Y esta última actividad a la que llamé “Deconstrucción de un relato” pretendía servir como presentación de mi última publicación además de como toma de contacto para algún público que todavía no conociera mi puesta en escena, que queda bastante lejos de lo que suele ser habitual. Pero desgraciadamente ese público no apareció.
Elegí sin saberlo el peor día posible para hacerlo ya que coincidía con carnavales y el pueblo bullía de actividades varias y para todas las edades. Así pues solo vinieron mis familiares más cercanos, amigos más íntimos y los que tenían que acudir por temas protocolarios. Al final resultó en una sala practicamente vacia y sin rostros nuevos a los que presentarles mi trabajo. Pero es precisamente por la facilidad con la que podría utilizar la palabra “fracaso” que por una vez me permitiré la osadía de darle la vuelta a la tortilla.
Un momento de mi intervención

Había preparado algo especial basado en el humor con un giro inesperado hacia el dramatismo al final pero dejando espacio a la parte didáctica y literaria que anunciaba con eso de la “deconstrucción de un relato”. Iba a estar respaldado por mi buena amiga Mariajo, el ilustrador del último relato Albert Sarlé y como suelo hacer, con mi propia hija leyendo una poesía al final. Pero esto último falló ya que debido a una gripe no pude traérmela, viajé solo al final y tuve que modificar a última hora el guion. ¿Pero he dicho ya que iba a hablar en positivo?
Viniéndome arriba

A pesar de la falta de asistencia y de lo improvisado de mi intervención, la cosa fue un éxito. Las historias que conté al principio y al final arrancaron risas y aplausos espontáneos del público, las partes más técnicas parecieron interesar y las secciones que condujeron mis compañeros salieron igualmente redondas. Mariajo es una de las personas que mejor pueden hablar de mi debido a los años que llevamos conociéndonos, además de que ella es toda una experta en arte y Albert, aunque es un chaval muy tímido que nunca había hablado en público, se desenvolvió de forma fluida y clara, arrancando tanto risas como admiración del público.
Y el momento de las dedicatorias
Las ventas de libros no fueron gran cosa, como se puede adivinar, pero como comenté en el mismo acto, algunas veces debemos dejar atrás el tema económico (aunque el dinero es necesario para sacar proyectos como éste adelante) y quedarnos con aquello que el dinero no puede comprar, como son las risas, las caras nuevas, los apretones de manos y palmadas en la espalda y aprender con cada paso de este camino que aunque incierto, resulta interesante de recorrer.

Amor de primate. Una breve novelita de muy pocos megabytes.

Hay quien dice por ahí que los buenos tiempos del papel ya han llegado a su fin; que entre pdfs, kindles, podcasts y audiolibros, el libro t...