lunes, 8 de abril de 2019

La importancia de la foto


El otro día estaba viendo (de reojo pero lo estaba viendo) uno de esos programas de famoseo y aparecía un señor denunciando una supuesta campaña de marketing fraudulenta orquestada por un famosete de tres al cuarto ahora convertido en “exitoso” disc jockey. Por lo visto ese famoso, bien situado económicamente, había comprado varias actuaciones, además del público para que la gente creyera que estaba triunfando cuando en realidad no era así. ¿Y por qué querría alguien comprar un supuesto éxito? Supongo que por temas de ego, autoestima, falta de tiempo, exceso de dinero o, como es el tema del que quiero hablar hoy aquí, publicidad.

Hoy en día las redes sociales lo salpican todo. Cuando vemos un nombre desconocido en alguna parte solo tenemos que sacar el móvil de nuestra riñonera, escribirlo en el Google y a no ser que se trate de algún outsider, tendremos su foto y sus datos básicos en la palma de nuestra mano. Y con ello tendremos también una primera impresión. ¿A qué se dedica? ¿Como viste? ¿Cuales son sus inclinaciones políticas e ideológicas? Y es por este mismo motivo, por esta dualidad entre el exhibicionismo y la ausencia de privacidad que todos mostramos nuestra mejor cara en las redes. Y al tema escritura me remito.

Perico de los palotes, escritor. Por poner un ejemplo, ya lo habréis notado. Le buscamos en el google porque vamos a compartir mesa con él en una firma, feria o lo que sea y vemos su instagram. Aparece un señor hablando por un micrófono ante una audiencia que le escuchan expectantes, luego en la puerta de una librería donde tiene una estantería para él solito exhibiendo su libro, otra firmando ejemplares a una pareja que le miran con ojos amorosos de fan devoto, exhibiendo muy serio un contrato editorial, en una entrevista en la Cadena Cope… Y pensamos “este tío lo peta”.
Luego nos encontramos con él y tras un rato hablando descubrimos que esa audiencia de la presentación era su familia y amigos, el de la librería le colocó la estantería solo para hacerse la foto, la pareja que le pedían el autógrafo su hermana y cuñado, el contrato editorial era de una empresa de servicios editoriales y lo de la radio… Un amigo de su mujer trabaja allí y la emitieron un miércoles a las cuatro de la madrugada.
Y entonces descubrimos que ese señor que parecía estar en la cima del mundo en realidad es otro miserable que pelea por lograr una venta, algo de reconocimiento y visibilidad y que sin el apoyo de sus allegados más le valdría escribir en un blog y dejarse de ínfulas literarias.

“Qué cabrón Perico de los Palotes, como engaña a la gente” podríamos pensar, pero seguramente con un rápido vistazo a nuestras propias redes sociales descubriríamos que nosotros hacemos lo mismo al fin y al cabo. Ponemos la foto familiar de ese día que fuimos a Disneylandia en lugar de la comida a base de sobras recalentadas del domingo pasado, el descenso en mountain bike que nos marcamos hace quince días con ese equipo que ya no nos hemos vuelto a poner, en lugar del habitual paseo con las niñas por el carril bici y si nos metemos en el tema literatura… Nadie le pide al fotógrafo que saque una de las sillas vacías, la gente que lee otros libros o de tu cara de desesperación en esa feria del libro en la que nadie se acerca a ti ni para saludarte.
Nadie quiere fotos de la normalidad. Hay que mostrar, lógicamente el lado brillante. Y volvemos al famosete de antes.

El famosete compra una foto de éxito donde no lo hay. El fotógrafo hace su trabajo y no le acompaña a su casa a retratar como se come un plato de macarrones con tomate. Pero ese famosete sube a Twitter la foto diciendo “Llenazo total esta noche en la sala Tal” y el público se creen que así ha sido, que si ha acudido tanta gente será porque ese tipo al fin y al cabo sabe, que qué pena no poder haber acudido y con un poco de suerte a la próxima ocasión no fallarán. El marketing va dando sus frutos. Si a ese escritor le entrevistan en la Cope será por algo, habrá que acercarse a su próxima presentación no sea cosa que nos estemos perdiendo algo importante.
Y así estamos, añadiendo la profesión de actor a cualquier otra que tengamos, sacando fotos y contando anécdotas en el lado de la luz y reptando cuales gusanos por los rincones cuando los focos se apagan. Soñando con meternos en una crisálida para reaparecer alados y coloridos cuando no queremos darnos cuenta que nosotros no somos gusanos de esos. Somos de los que son siempre gusanos y solo vuelan cuando caen por el borde de la mesa.

Pero qué bonitas las fotos puestas en el Instagram así ordenaditas para que todos vean lo que nos lo curramos y como molamos.

domingo, 3 de marzo de 2019

Tras la "Deconstrucción de un relato"

La Biblioteca Sebastiá Joan Arbó.

Por lo general después de realizar cierto tipo de eventos como charlas, presentaciones o híbridos de ambas como ha sido este último caso, dejo pasar algunos días antes de escribir mis impresiones y por lo general acabo no haciéndolo o descartándolo al dejarme llevar por mi habitual derrotismo.
Y esta última actividad a la que llamé “Deconstrucción de un relato” pretendía servir como presentación de mi última publicación además de como toma de contacto para algún público que todavía no conociera mi puesta en escena, que queda bastante lejos de lo que suele ser habitual. Pero desgraciadamente ese público no apareció.
Elegí sin saberlo el peor día posible para hacerlo ya que coincidía con carnavales y el pueblo bullía de actividades varias y para todas las edades. Así pues solo vinieron mis familiares más cercanos, amigos más íntimos y los que tenían que acudir por temas protocolarios. Al final resultó en una sala practicamente vacia y sin rostros nuevos a los que presentarles mi trabajo. Pero es precisamente por la facilidad con la que podría utilizar la palabra “fracaso” que por una vez me permitiré la osadía de darle la vuelta a la tortilla.
Un momento de mi intervención

Había preparado algo especial basado en el humor con un giro inesperado hacia el dramatismo al final pero dejando espacio a la parte didáctica y literaria que anunciaba con eso de la “deconstrucción de un relato”. Iba a estar respaldado por mi buena amiga Mariajo, el ilustrador del último relato Albert Sarlé y como suelo hacer, con mi propia hija leyendo una poesía al final. Pero esto último falló ya que debido a una gripe no pude traérmela, viajé solo al final y tuve que modificar a última hora el guion. ¿Pero he dicho ya que iba a hablar en positivo?
Viniéndome arriba

A pesar de la falta de asistencia y de lo improvisado de mi intervención, la cosa fue un éxito. Las historias que conté al principio y al final arrancaron risas y aplausos espontáneos del público, las partes más técnicas parecieron interesar y las secciones que condujeron mis compañeros salieron igualmente redondas. Mariajo es una de las personas que mejor pueden hablar de mi debido a los años que llevamos conociéndonos, además de que ella es toda una experta en arte y Albert, aunque es un chaval muy tímido que nunca había hablado en público, se desenvolvió de forma fluida y clara, arrancando tanto risas como admiración del público.
Y el momento de las dedicatorias
Las ventas de libros no fueron gran cosa, como se puede adivinar, pero como comenté en el mismo acto, algunas veces debemos dejar atrás el tema económico (aunque el dinero es necesario para sacar proyectos como éste adelante) y quedarnos con aquello que el dinero no puede comprar, como son las risas, las caras nuevas, los apretones de manos y palmadas en la espalda y aprender con cada paso de este camino que aunque incierto, resulta interesante de recorrer.

domingo, 17 de febrero de 2019

De arquetipos y clichés




Cuando escribimos siempre tendemos a buscar la originalidad, descubrir nuevas tierras sin explorar y alejarnos lo más posible de textos conocidos para así lograr sorprender al lector con algo fresco, nuevo y original. Pero desgraciadamente vivimos en un momento en el que casi todo está inventado ya, no nos queda ni un rincón por explotar y aquello que todavía no se ha mostrado generalmente tiene una razón de peso para ello.
Existen estudios de mercado que determinan qué es lo que el público quiere leer y muchas veces nos encontramos con grandes éxitos literarios que no son más que refritos de otros éxitos anteriores, que a su vez tienen precedentes similares. ¿Pero por qué sucede esto? ¿Por qué las ideas arriesgadas y originales fracasan ante otras que nos parecen mucho más vulgares y simples? La respuesta está en los arquetipos y los clichés. No hay que confundir ambos términos y por ello trataré de explicar cada uno por su lado.

Un arquetipo es un modelo básico de expresión artística. Es como un maniquí sobre el que el sastre colocará las telas que va a tejer; éste le proporciona el patrón a seguir, las medidas y le servirá de soporte, pero en ningún caso será el resultado final. En la literatura a los arquetipos hay que cubrirlos con historias, situaciones, personajes y diálogos; hay que darles vida vistiéndolos con nuestra prosa, pero no podemos ignorarlos porque son modelos a seguir y que funcionan. Si ese sastre decide utilizar un maniquí con tres brazos y cuatro piernas, por muy original que le quede el vestido que confeccione, difícilmente va a encontrar a alguien que selo compre. Pero voy a poner un ejemplo para que todo el mundo me entienda.

El Equipo A. Esa serie que triunfó en los años 80 y que todos hemos visto (o hemos visto hipnotizados a nuestros padres o abuelos ante la tele) en algún momento. La serie consistía en un grupo de mercenarios fugados de la cárcel que cada vez que llegaban a un pueblo con problemas ponían todos sus conocimientos y habilidades en marcha para derrotar al villano de turno, que solía ser una banda de maleantes con aviesas intenciones. Y así eran todos los episodios. Todos iguales, historias autoconclusivas con elementos repitiéndose una y otra vez… ¿Pero por qué gustaba tanto esa serie? ¿La gente de los 80 era idiota? Algunos sí, sin duda, pero no podemos generalizar y menos en estos tiempos en los que vuelan los (diccionarios) de VOX. El secreto del Equipo A era que se trataba de un arquetipo puro y duro. Analicémoslo.

La historia del pueblo oprimido por un tirano sin escrúpulos es la misma historia que encontramos en la aldea asediada por un feroz dragón, la del granjero que no quería entregar a su hija a ese malvado capitán, la de… Y los miembros del Equipo A… ¿Los recordáis? Aníbal representaba la inteligencia y el liderazgo, Fenix la belleza y el carisma, MA la fuerza, Murdock el arrojo… Juntos aunaban las virtudes básicas del héroe clásico, el caballero que derrotaría al dragón o que vencería al capitán en duelo singular.
Al final El Equipo A era un arquetipo clásico disfrazado, un argumento que viene funcionando desde que el mundo es mundo y los primeros homínidos contaban historias junto al fuego. El Equipo A era una apuesta segura y por eso funcionó. No hay nada de malo en ello; es darle al público lo que quiere: entretenimiento, un relato donde el bien vence al mal, esperanza, emoción al ver a los malvados morder el polvo…


Ahora pensad en cuantas series/ películas/ libros os habéis encontrado con ese mismo arquetipo. Seguro que muchas. Ahora me vienen a la cabeza (por seguir con la televisión de los 80) El coche fantástico, Chuck Norris, Supermán, Los 7 magníficos…
Y ya está. Fácil. ¿No es así? Pues no tanto porque ahora hay que tratar de no caer en clichés. ¿Y qué es un cliché?

Un cliché es una fórmula, una idea, una justificación que está tan utilizada (y muchas veces desactualizada) que llega a ofender al lector. Es coger nuestro maniquí desnudo y ponerle unos tejanos y una camisa blanca por dentro. Encontraremos clichés como los de la princesa que se enamora del príncipe rescatador, el malvado que muere riendo como un loco y sin atisbo de arrepentimiento ni motivación por lo que hacía, el comer perdices al final, los protagonistas huérfanos que quieren vengar a sus papás...Los clichés son cosas que quizás triunfaron en su momento pero que precisamente por repetirse tanto han perdido el sentido y cualquier lector/ espectador medianamente curtido encontrará aburrido, predecible y seguramente le hará despreciar nuestra obra. Hay que huir de los clichés como de la peste. ¿Pero como lograrlo?

Evitar los clichés puede ser algo complicado, especialmente si somos autores noveles y/o si buscamos escribir una historia simple, quizás un relato corto o novela breve. Es tan fácil caer en un cliché como esquivarlos tan torpemente que el lector note que algo raro pasa. Algunos buscando alejarse de ellos acaban creando historias tan rebuscadas y rocambolescas que terminan siendo un contracliché y eso queda mal. ¡Oh, al final la princesa era mala y el dragón con su último aliento le declara el amor al caballero que no pudiendo soportar el dolor de la situación se arroja a un foso y el rey decide casar a su hija con el caballo y..! No. No nos compliquemos.
Una buena forma de salir airosos de algo así es retorcer el cliché para crear una historia creíble y fresca. Me viene a la mente “Shreck”, en la que el héroe era el ogro y la princesa enamorada no era lo que se esperaba de ella. Un relato típico con unos giros sorprendentes. Un arquetipo bien dirigido, sin obviar los clichés pero girándolos a favor. También me viene a la cabeza “Un pacto en Wonderland”, mi nuevo relato que… ejem, ejem, de acuerdo, ahora no toca publicitarme (pero tenedlo en cuenta) así que dejo aquí los ejemplos.

Resumiendo: Arquetipo bien, cliché mal. Un arquetipo es algo casi indispensable para lograr dirigir un relato a buen puerto, mientras que un cliché es lo que debemos evitar si no queremos que los lectores salten del barco.
¿Queréis el consejo de un escritor de éxito? A Ray Bradbury me remito: “Escribe un relato a la semana durante un año. Es imposible escribir 52 relatos malos seguidos.” No viene muy a cuento, pero me parece una genialidad de idea.

lunes, 21 de enero de 2019

De escritura y masoquismo.



Quizás el plasmar ideas y pensamientos en papel y el encontrar placer siendo azotado y humillado por otra persona no nos parezcan así a priori, conceptos para nada relacionados. Pero si nos ponemos en la piel de un autor sin demasiadas pretensiones ni apoyos desde la gran industria del libro, esa gruesa línea divisoria comienza a difuminarse un poco. Por supuesto estoy hablando de mi.

Desde que empecé con esto de publicar las cosas que escribo, siempre impulsado por un pensamiento de “el mundo tiene que leer esto” he tenido mis momentos de satisfacción, es cierto: los aplausos en una presentación o charla exitosa, las felicitaciones de algunos lectores agradecidos, algunas buenas críticas y otras no tanto pero aún así constructivas; he conocido gente interesante, asistido a eventos exclusivos y visto mi cara en televisión y radio (en este último caso de forma figurada), pero en contrapartida, también ha habido un lado malo. En contrapartida hay muchas horas de trabajo frente al ordenador, casi siempre a horas en las que debería estar todavía en la cama, inversiones de dinero que no regresa jamás, horas de plantón en ferias y eventos, la incertidumbre de si mi trabajo gustará o no, y mi favorita: el terror tras mandar mi obra a imprenta por si ésta saldrá bien o habré metido la pata y acabará toda la tirada en la basura (esto me ha pasado ya). Y si coloco ambas sumas de factores en la balanza, siempre me queda la duda de si realmente merece la pena tanto sufrimiento para tan poca satisfacción.

¿Entonces por qué lo hago?
Supongo que me gusta la sensación de caer al vacío sin tener donde agarrarme, de no saber qué me espera a la vuelta de la esquina, de estar solo ante el peligro y tener que poner todos mis sentidos y recursos en juego para salir airoso de la situación sea ésta una publicación, una charla, dar un taller o presentar un libro que ni siquiera sé como definir.
Supongo que escribir, y publicar, es mi deporte de riesgo particular, mi puenting, mi descenso en bicicleta por una escarpada ladera, mi salto en paracaídas sin ayudantes ni monitores…
Puede sonar triste así a priori, y puede que parezca que todo esto no compensa, pero me gusta la sensación a muchos niveles y sí, quizás sea masoquismo al final pero siempre será mejor que no hacer nada y ver el tiempo pasar mientras son los otros los que se enfrentan a este mundo de libros y culturas.

jueves, 3 de enero de 2019

"Un pacto en Wonderland" en preventa.


“Un pacto en Wonderland”, mi nuevo relato ilustrado ya está a la vuelta de la esquina. Con el texto corregido, maquetado y las páginas ilustradas ya insertadas solo falta enviarlo a imprenta y esperar a que llegue a mis manos. Hasta aquí es el proceso normal por el que he pasado ya varias veces, pero esta vez quiero cambiar ligeramente el curso habitual y hacer algo distinto: Una preventa.


¿Pero en qué consiste una preventa?
Supongo que sobran las explicaciones, pero una preventa consiste en vender algo que todavía no existe (al menos no en su forma definitiva) de forma muy similar a como funcionan los “crowdfundings” (o mecenazgos) modernos. Esencialmente el cliente pagará por el libro y en estar impreso se le enviará directamente a su casa.

¿Y qué ventajas ofrece la preventa?
Realmente no es un método que proporcione grandes beneficios como sucede con algunos mecenazgos populares. En caso de “Un pacto en Wonderland” se tratará de una edición impresa muy limitada y una preventa asegura al comprador que no se quedará sin su copia. Por otro lado también supone una ligera ventaja para mi como autor ya que los ejemplares para la preventa se añadirán a la tirada prevista de imprenta abaratando (ligeramente) sus costes además de ajustar su número. Resumiendo: Si te interesa mi trabajo la preventa te asegurará no quedarte sin él y me harás un favor al ayudarme a ajustar la tirada de impresión.

¿Hablamos de dinero?
Por supuesto. “Un pacto en Wonderland” me supone un coste de (aproximadamente) 3,20€ por ejemplar, los cuales tendrán un precio de venta de 5€. Con este margen de beneficio no puedo ni asomarme a librerías, distribuciones y demás, por lo que la venta queda limitada a eventos a los que pueda asistir yo en persona o a través de NEUH, asociación a la que pertenezco y que suele tener presencia en la mayoría de eventos independientes dedicados al comic y la literatura.
Pero hablando de la preventa y su coste, el envío certificado nacional está en 3,30€ para este 2019, lo cual dejaría el precio total en 8€ (redondeando a vuestro favor).

¿Y qué se ofrece exactamente?
“Un pacto en Wonderland” es un relato corto de unas 6000 palabras que se presenta en formato grapa, dina5 y con 32 páginas de extensión, interior a blanco y negro y portada en color. Además contiene varias páginas ilustradas estilo comic por Albert Sarlé como ya expliqué en su momento aquí.
El resultado es magnífico (aunque está mal que yo lo diga) y puedo asegurar que hasta el momento es la publicación que mejor terminada está, tanto a nivel texto como dibujo.
PERO ATENCIÓN: Debido al acuerdo que tengo con la página web Historias Pulp, la versión digital del mismo relato estará en descarga directa y gratuita en su misma web, con lo que si es por leerlo simplemente, no tenéis por qué pasar por caja. Eso sí, la edición digital será únicamente en pdf y con una ilustración menos que será exclusiva del formato papel. Además, la edición impresa puede ir dedicada por el autor y con un dibujo exclusivo de Albert si el comprador así lo desea.
Aquí una muestra

¿Y de cuanto tiempo de espera estamos hablando?
Oh la sociedad de consumo y de la inmediatez… “Un pacto en Wonderland” se enviará a imprenta el día 14 de este mes de enero. A partir de ese momento habrá que esperar un tiempo medio de impresión/ envío que calculo entre 20 días y un mes. Es por ello que no puedo poner febrero como meta (además es un mes terriblemente corto) pero sí puedo asegurar que los envíos se realizarán la primera semana de marzo.

¿Podríamos resumir en cuatro lineas todo lo expuesto arriba?
Por supuesto.
Este mes voy a mandar a imprenta mi nuevo relato ilustrado y si te interesa hacerte con su versión en papel (en pdf se podrá adquirir gratis) deberías ponerte en contacto conmigo (capdemut@gmail.com u otros medios) y pagarme la friolera de 8€ para recibir el libro en casa a principios de marzo, dedicado si así se desea.

Y esto es todo, creo. Por supuesto, si además de este novedoso “Un pacto en Wonderland” queréis adquirir también alguno de mis títulos anteriores, los gastos de envío se combinarían para mayor ahorro y regocijo.
Seguiré informando de futuras novedades. Hasta pronto.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Escribir es ingrato


*




Quizás el título de esta entrada pueda sonar un poco duro a priori, pero ahora mismo no se me ocurre otra forma de empezar, ya que ayer asistí a unas jornadas de autoedición y salí de allí con la moral más bien baja. Pero os pongo en contexto:

Yo soy un autor independiente que escribe lo que le gusta y lo publica sin ayudas externas de editoriales o medios de comunicación. Tal hazaña, por llamarlo de alguna manera ya que de heroico no tiene nada, implica que tengo el paso vetado a los lugares en los que normalmente se promocionan los libros (véase Fnac, Casa del libro, la mayoría de librerías y ferias del libro tradicionales) ya que para acceder allí es necesario hacerlo bajo un sello editorial (aunque sea de los llamados “de autoedición” como Letrame, Punto Rojo etceterísima…) y por ello si quiero que mis libros lleguen al público me tengo que buscar la vida presentando en centros culturales, bibliotecas y asistiendo a ferias independientes… como la de ayer.

El evento consistía en una serie de actividades (charlas, talleres, cuentacuentos) además del mercadillo de autores en el que estaban dos de las quizás más importantes asociaciones de escritores de la provincia. En total unas veinte personas entre escritores, dibujantes y artistas varios esperando a que llegara gente a la que poder ofrecerles nuestras obras… pero esto no sucedió. La afluencia de público fue tan escasa que tuvieron que suspenderse todos los talleres y la mayoría de autores nos largamos antes de que terminara, algunos por dignidad y otros por tener cosas mejores que hacer que estar sentados mirando el móvil. Veinte personas que tenían expuestos trabajos que les habían llevado años de trabajo, dinero invertido e ilusión, convertidas en estacas expectantes de un público potencial que no llegaba. Veinte personas mirándonos a las caras, animándonos, explicándonos qué hacemos y en qué creemos… Pero eso no es suficiente.

Si escribimos es para mostrar nuestro trabajo al mundo, para expresarnos, para sacar a la luz ideas e historias y compartirlas. ¿Ganar dinero? ¿Ser famosos? Esto puede formar parte de los sueños de algunos, pero por lo general todos queremos ser leídos y cosas como lo de ayer hacen que ese humilde objetivo quede en nada. ¿Y si no tenemos lo mínimo, que nos queda?
Nos queda dejar las ganas a un lado, seguir con nuestros trabajos convencionales sí remunerados y recordar estos días con un “al menos lo hemos intentado”, relegar la literatura a blocs de notas, posts en redes sociales y distracciones en tardes tediosas. Nos queda perder la fe en lo que hacemos, lo que somos y lo que queremos ser. Nos queda dejar la pluma a un lado (léase teclado) y dedicarnos a otra cosa que quizás nos llene menos pero también nos entregue menos frustración. Nos queda convertirnos en aquello que no queríamos ser cuando empezamos a escribir.

Y reconozco que es difícil no ceder. Es complicado no dejar a un lado proyectos e ideas para abandonarse al la comodidad de la rutina, la televisión, los videojuegos y el deporte regular. Es todo un reto a veces ponerse delante de la pantalla y abrir el word en lugar del facebook, ponerse a pensar y no a dejarse llevar por ocurrencias ajenas. Es difícil seguir escribiendo porque escribir es ingrato (¿Lo había dicho ya?) y aquí todos necesitamos nuestro pedacito de pastel, por pequeño que sea, para seguir adelante sin amargarnos.

*no he podido localizar al autor o autora de esta foto, así que ruego perdone que no le mencione.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Anuncio: "Un pacto en Wonderland" se acerca.



Poder anunciar una nueva publicación siempre es un placer. Significa que un trabajo ha llegado a termino de forma satisfactoria, que lo que empezó con una idea ha llegado a término sin quedarse en un borrador relegado al olvido y que ahora por fin puede despegarse de mi y enfrentarse solito al mundo exterior. Y eso proporciona una gran satisfacción… y también un poco de miedo.

Lo que hasta ahora era algo que solo podía ser juzgado por mi (y por aquellos implicados en el trabajo, por supuesto) queda al alcance de cualquiera, a merced de otros criterios, otros puntos de vista y se convierte en un blanco de opiniones y críticas, por no hablar de malinterpretaciones y la temida indiferencia.

Por eso todo lo que me queda, como autor, llegado el momento del lanzamiento es tener fe. Confiar en que estoy ofreciendo algo de calidad, algo que no merecía quedarse solo como una entrada de alguno de mis blogs o como archivo desechado en carpetas olvidadas de mi ordenador. Ahora es el momento de creer en mi, coger aire y esperar a que mi nuevo relato “funcione” como suele decirse.

Un pacto en Wonderland” que es como se llama forma parte de la que ha llamado “Saga Wonderland” que comenzó con el relato “En busca de Wonderland” incluido en el libro “La onomatopeya del ladrido y otros relatos pulp” y que continuó con “Regreso a Wonderland”, un cuento independiente e ilustrado que publiqué hace unos meses. En este caso el nuevo librito sigue el formato del anterior: una historia independiente que puede ser leída sin haber pasado por las anteriores y que va acompañada de páginas ilustradas estilo cómic de la mano de Albert Sarlé, un dibujante que sin duda no merezco.



La forma de publicación será similar a la anterior. Habrá una edición digital (pdf) que será publicada por la página web Historias Pulp de forma totalmente gratuita y simultáneamente se pondrá a disposición de quien lo desee una versión en papel en formato dina5, de 32 páginas y con una página ilustrada extra (no incluida en la versión gratuita) además de la posibilidad de contar con dedicatoria del autor.

¿Pero cuando y como? Pues el relato está terminado, maquetado y a la espera de respuesta por parte de la imprenta, que obviamente está algo ocupada por las fechas que son, por lo que la previsión de salida es en algún punto del mes de febrero, digamos finales. Previamente se pondrá en marcha una preventa en este mismo blog ya que los ejemplares en papel van a ser muy limitados, así como una presentación oficial y la asistencia a varias ferias y eventos, pero sobre todo esto… seguiré informando. Estad atentos a vuestras redes.

Amor de primate. Una breve novelita de muy pocos megabytes.

Hay quien dice por ahí que los buenos tiempos del papel ya han llegado a su fin; que entre pdfs, kindles, podcasts y audiolibros, el libro t...