lunes, 5 de febrero de 2018

Tunglio: El arte de quemar libros





Hace poco llegó a mis oídos la noticia de que una editorial islandesa de nombre Tunglio, utiliza una curiosa forma de publicación que consiste nada mas y nada menos que en producir tiradas limitadas de 69 ejemplares de cada libro las noches de luna llena (no veo la relación entre la cifra y la fase lunar, realmente) y que todos los ejemplares que no se venden son quemados a fuego lento. Lo que para algunos es una herejía al asociar la quema de libros con algunas épocas oscuras de nuestra civilización (véase inquisición, franquismo, etc…) otros lo ven como un ritual mágico que se enfrenta a la idea del libro como pasaporte a la inmortalidad convirtiéndolo en algo efímero. Pero esta forma de publicación al final solo es, señoras y señores, una cuidada y bien pensada estrategia de marketing. Vamos a analizarlo.

Por un lado tenemos la publicidad gratuita. Estamos hablando aquí, en España, y me consta que también se está hablando de esto en muchas otras partes del mundo, de una pequeña editorial formada por dos personas únicamente. Bien. Objetivo conseguido en este aspecto, pero ahora… ¿De qué sirve quemar los libros?

En primer lugar hay que hablar de las tiradas limitadas de impresión. 69 libros son muy pocos, pero para muchos autores, especialmente aquellos novicios, vender más de ese número no es sencillo. Por ello podemos deducir que simplemente la editorial no quiere arriesgarse a imprimir mas. Por supuesto no sabemos la extensión de esos libros, su forma o su precio, pero con la excusa de que los que no se vendan van a arder los convierte en productos superexclusivos, permitiendo incrementos en su precio y una demanda asegurada.

En segundo lugar, nadie nos dice que esos libros no vayan a seguir existiendo en otros formatos como PDF etc… Por lo que el autor no perdería su obra completamente, lo que hace de la quema algo relativo. Realmente los libros no desaparecen del mapa.

También hay que tener en cuenta ya en tercer lugar, que para cualquier editorial/ autor, los libros no vendidos acaban ocupando espacio en almacenes, teniendo una demanda mínima o inexistente y al final, acaban siendo pasto de humedades o convertidos en saldos de mercadillos. La opción del fuego solo hace que acelerar este proceso inevitable.

Y es que si España, un país donde una mayoría de la población afirma no haber leído un libro en su vida, posee una notable saturación de novedades editoriales, Islandia, con la mayor cantidad de escritores por metro cuadrado del mundo, debe ser un verdadero hervidero de libros.

Al final lo que nos queda es una editorial pequeña que apuesta por tiradas limitadas de libros físicos que se venden en su mayoría, a un buen precio y que los que sobran no ocupan lugar. No está del todo mal siempre que el autor acepte esas condiciones. Pero lo de la magia ritual islandesa y las metáforas de vida eterna también están muy bien, por lo que dejaré que os quedéis con la versión que más os guste.

domingo, 28 de enero de 2018

Pequeña guia de autoedición (2): Una aproximación a las editoriales





Como ya comentaba en la anterior entrada de esta serie, las editoriales de antaño dominaban el mundo literario. Ellas decidían quién publicaba, cuando y cómo, así como controlaban sus medios de distribución y ventas (librerías). Pero hoy en día el editar un libro está al alcance de cualquiera y por ello ese control editorial ha perdido consistencia. No solo es posible publicar sin ellas si no que es posible vender sin pasar por las librerías de toda la vida. ¿La consecuencia de esto? Las grandes editoriales se “blindan” ante nuevos autores y solo publican aquello que les supone unos ingresos seguros. Y con esto llegamos al punto clave de esta entrada: las editoriales son empresas.

Parece innecesario decirlo pero a veces se nos olvida. Todas las editoriales, grandes y pequeñas son empresas que tienen escritores para revisar textos, maquetadores, diseñadores gráficos, correctores, traductores… y toda esa gente cobra sus sueldos. Además tienen que pagar la luz, los impuestos, la limpieza y las reparaciones/ mantenimiento de sus equipos… Todo ello se traduce en que deben ingresar más dinero del que gastan si quieren funcionar.
Por ello antes de acudir a una editorial a ofrecer tu libro debes tener claro que si no les va a parecer rentable, te van a dar con la puerta en las narices. Un portazo lleno de lógica, además.

Pero no todas las editoriales son iguales; me atrevería a decir incluso que no existen dos iguales (y mas les vale si quieren funcionar) y por tal imposibilidad de describirlas todas nos centraremos en si son grandes (véase Planeta, Tusquets o Santillana, entre otras) o pequeñas (cualquiera entre las cientos que podemos encontrar con una búsqueda de Google).
Cuando hablamos de editoriales grandes hay que tener en cuenta su hermetismo para con los autores noveles. La única forma de acceder a ellas es ganando algún premio literario de gran importancia, realizando un estudio de mercado y presentándoles el producto que estaban buscando o siendo alguien famoso ya sea en el mundo de la televisión, la música o las redes sociales. Y en esto último está la cosa.
Dicen que cinco mil es el  número mágico. Cinco mil son los libros que hay que vender para generar dinero de verdad y por ello si un libro no puede alcanzar (sin riesgos) esa cifra, es desestimado al momento. Es por ese motivo que las grandes editoriales andan a la caza de personas con gran número de seguidores en las redes sociales donde hay quien tiene varias decenas de miles de ellos, por no decir cientos de miles. En ese momento la editorial propone al youtuber, instagrammer, twittero o lo que sea, escribir un libro “tu haz lo que sea que nosotros ya nos apañamos” y como es lógico, si esa persona con 50.000 seguidores logra que al menos un diez por ciento de ellos (suelen ser más) compren su libro, el trabajo está hecho.
¿Dónde nos deja esta estrategia  a los que tenemos cien seguidores en las redes sociales? En la calle. Es por ello que solo debemos plantearnos llegar hasta una gran editorial si tenemos una presencia continua y relevante en las redes. Por suerte, no todas las editoriales son grandes.

Las pequeñas editoriales existen, y en cantidad. Algunas se limitan a asesorar a los autores, revisando, corrigiendo, imprimiendo y en algunos casos distribuyendo libros, mientras que otras funcionan como las grandes aunque a una escala menor y otras directamente se basan en estafar a los incautos que quieren ver sus libros publicados. Y aunque no se trate de estafas propiamente dichas (el autor firma un contrato dando su consentimiento para ciertas prácticas), si utilizan ciertos procedimientos confusos y poco beneficiosos para el escritor. Porque no lo olvidemos… Las editoriales son empresas.

En la siguiente entrada comentaré algunos de los procedimientos digamos feos de algunas de esas editoriales pequeñas. ¡No os la perdáis!

viernes, 12 de enero de 2018

Pequeña guia de autoedición (1): La necesaria introducción.





Para este 2018 he decidido reactivar un poco el blog y hacerlo de una forma que resulte instructiva y didáctica. Por ello y siempre basándome en mi experiencia o la de personas cercanas, dedicaré una serie de entradas a hablar de la autoedición como opción de publicación. Espero ser útil o cuanto menos entretenido.

Primera parte: Qué es la autoedición.

La autoedición es ese recurso maldito, muchas veces menospreciado y otras tantas ninguneado por tratarse de una opción fácil (o al menos eso parece desde fuera) y que por lo tanto no ofrece demasiada garantía de calidad (aunque otras opciones tampoco lo hacen) y que en mi experiencia a veces he sentido como un handycap y otras como una bendición.
Es por ello que basándome en mi escasa pero a la vez reveladora experiencia después de tener dos obras autoeditadas en la calle, he querido recopilarla en una serie de entradas con la intención de que sirvan de ejemplo, información o por qué no, de guía para autores que quieran probar suerte en este mundillo y no sepan a qué atenerse. Empiezo, por lo tanto, con un breve resumen de mi experiencia.

Hasta hace poco mi idea de publicar un libro se limitaba a ese recurso cinematográfico tan visto en el que un autor algo atormentado lograba terminar una novela que al ser descubierta por un editor de esos de “vamos a sacar esto adelante, yo confío en ti” le hacia rico y acababa viviendo en una casita de madera junto a un lago y cada aparición social que hacia era acosado por sus fans. Y si, eso es muy bonito y da para muchas tramas pero no suele ser lo habitual.
Puede que hace algunos años la cosa funcionara de un modo parecido a éste, pero con la llegada de los ordenadores personales, las impresoras, los programas de edición de texto y las páginas de internet, el panorama ha cambiado mucho. Ahora cualquiera puede editar un libro y por lo tanto cualquiera puede montar un editorial, lo que hace que las nuevas publicaciones florezcan como las amapolas y que las editoriales de antaño deban seleccionar a sus nuevos autores basándose en la rentabilidad de éstos antes que en su calidad. Pero de este tema hablaré en futuras entradas.

Cuando publiqué mi primer libro, allá por el 2016, lo hice a través de Lulu, una plataforma que es esencialmente una imprenta online en la que tu envías un texto, propio o ajeno y ellos te lo convierten a pdf o te lo imprimen sin preguntarte nada. Gracias a esa página pude ver mi libro en papel en cuestión de semanas con todos los pros y contras que ello conlleva. Por un lado publiqué el libro que yo quería sin que nadie me cuestionara, sin tener que esperar valoraciones externas, sin mas complicaciones que tener que darle al botón de “imprimir” y sentarme a esperar a que llegaran los ejemplares a mi casa. Por otro lado la maquetación dejaba mucho que desear, la ortografía no estaba tan pulida como debería, la ortotipografía era un concepto desconocido para mi y la calidad de los materiales (papel, portada, tinta…) era la justa y necesaria para poder llamarlo “libro”. A partir de ahí tiré de redes sociales, presentaciones y librerías para vender los libros y sentirme, eso es, como un verdadero escritor. De los de casita en el lago pero sin casita. Ni lago.

Al año siguiente me puse a trabajar en mi segundo libro. Esta vez, conociendo mejor este mundillo, pude crear un libro mucho más profesional. Revisé mejor el texto, corregí errores esenciales cometidos con el anterior (fuente con serifa, rayas en lugar de guiones, estructura de páginas y párrafos…) y cuando lo tuve terminado contraté a un dibujante profesional para la portada, una diseñadora para el exterior y la mejor imprenta para darle un acabado de calidad al libro. El resultado: Un libro más consistente, con solapas, colorido, a la altura de cualquier producto sacado de los hornos de las mejores editoriales. Un libro que pensaba que tendría una repercusión mucho mayor que el primero pero que en cambio, no acaba de funcionar. ¿Por qué? Porque ni la calidad, ni el acabado, ni las ganas son suficientes.

Para que un libro funcione son necesarios muchos factores como (en un orden aproximado de prioridades) la notoriedad del autor, la publicidad, el impacto visual del libro y por último la calidad del mismo. Parece extraño y en cualquier caso injusto, pero así es, las editoriales lo saben y por lo tanto si no somos famosos de antes, no tendremos publicidad ni una buena edición y por supuesto, si no vendemos no nos leerán y la calidad de nuestro libro importará poco. ¿Desalentador? Por supuesto, pero por suerte no está todo perdido. Teniendo algunos factores en cuenta podemos no solo mejorar nuestras ventas sino también atenernos a nuestras posibilidades y evitar frustrarnos por haber aspirado a demasiado. Una casa en el lago, por ejemplo.



En la próxima entrada hablaré de las editoriales. Las grandes, las pequeñas y qué esperar de ellas.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Sobre los temidos "spoilers"



Cualquiera que esté mínimamente metido en alguna red social se habrá dado cuenta del fenómeno: Cada vez que se acerca el estreno de una nueva película o la emisión de la nueva temporada de la serie de moda, comienzan a aparecer “memes” pidiendo que nadie haga “spoilers”. Pero… ¿Qué son los spoilers?
Spoiler es un término anglosajón que podría traducirse de forma coloquial como “aguafiestas” y que para el caso que nos ocupa, se refiere a aquellos que te estropean una película, serie o libro contándote cómo termina. Esto, que antes no tenía mayor importancia, se ha convertido en un motivo de preocupación debido a la enorme conexión que suponen las redes sociales y a la facilidad que tienen algunos pocos para estropear el estreno a muchos otros. Y precisamente sobre algo relacionado con este tema hablaré (mejor dicho escribiré) hoy.
Hace algún tiempo me topé con alguien en una red social que me explicó que cuando llegaba un libro a sus manos lo primero que hacía era leer el último capítulo y que si le gustaba el final, comenzaba  a leer el libro. Me pareció un comportamiento cuanto menos curioso, ya que se trataba de un “autospoiler” en toda regla, por lo que le pregunté sobre el tema. Su respuesta me hizo pensar y al final tuve que darle la razón en que no era una cosa tan extraña lo que hacía.
Y ahora debo hacer una pausa ya que no logro recordar quién era esa persona ni si tal reflexión venía como consecuencia de una entrada en algún blog, por lo que puede ser que esto que voy a escribir ya esté publicado en algún lugar y posiblemente mejor expresado. Si es así, le pido disculpas por haber copiado su idea y en cualquier caso me reafirmo en la necesidad de escribir yo mi punto de vista.
“Los spoilers no son malos”, sería el resumen. Los “spoilers” no son malos a no ser que el producto (película o libro) también lo sea (mala), sería un resumen más exacto. Y es que cuando nos encontramos ante una buena obra, conocer de antemano el final no debería impedirnos disfrutarla. Pensemos en ello.
¿Por qué somos capaces de ver algunas películas innumerables veces mientras que otras nos basta con un visionado para tener suficiente? ¿Por qué algunos clásicos siguen sobreviviendo hasta día de hoy mientras que otras obras, algunas de ellas de gran éxito en su estreno, caen en el olvido? Me refiero a libros como “El perfume” de Patrick Sunskin o “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de R.L. Stevenson. Todos sabemos como terminan pero a pesar de tratarse de finales sorprendentes con giros inesperados, seguimos leyéndolos con deleite. ¿Por qué hay películas que siguen manteniendo esa chispa inicial, a pesar de que todo el mundo sabe cómo terminan? La respuesta está en que son buenas obras, y ello está más allá de cualquier climax.
Muchas de las películas y libros que aparecen en nuestros mercados anunciados como grandes obras, no son más que paja rematada con un final que sorprende y que deja buen sabor de boca, pero nada más. Muchas de las series que hoy en día se consumen con avidez, no son más que pequeños momentos de emoción situados estratégicamente al final de cada capítulo para avanzar una trama más o menos interesante con la intención de enganchar al público un capítulo más.
Tomemos como ejemplo a esas películas de “terror” que se basan en dar sustos al espectador para que salga del cine con la sensación de haber pasado miedo mientras que solo se ha visto sometido a una serie de sorpresas para alterarle el ritmo cardíaco. ¿Dónde quedan esas películas hoy en día? ¿Por qué volvemos al “El Resplandor” y a “Misery” cuando queremos nombrar buenas películas del género?
Al final, sean libros, películas, series o videojuegos, no deberíamos de preocuparnos por saber el final de antemano, ya que lo que deberíamos buscar es disfrutar de la obra desde el minuto uno y hasta que ésta terminara, no solo del final sorprendente y que hace que el montón de paja en el que hemos estado buceando cobre algo de sentido.
La conclusión a la que quiero llegar es, que los spoilers no deberían ser algo a tener tan en cuenta como hacemos y que quizás deberíamos “spoilear” más para distinguir las buenas obras de las que no lo son tanto.
Y si. Bruce Wills estaba muerto desde el principio. Por eso la película era tan mala.

¿A que no sabéis de quién era hijo este chaval?







lunes, 20 de noviembre de 2017

Un apunte acerca de la imaginación.





Este fin de semana tuve el honor de presentar mi segundo libro "La onomatopeya del ladrido y otros relatos pulp" en la Librería Ateneo Cómics de Alicante. Decidí ir allí a presentar porque además de que es una de mis tiendas especializadas favoritas, una de mis intenciones con este libro era el de alejarlo un poco de las sobresaturadas librerías tradicionales y enfocarlo a un público más receptivo a la ficción y la fantasía. Me reservaré mi opinión sobre el éxito de mi iniciativa para más adelante cuando pueda sacar conclusiones, pero en cualquier caso me sentí afortunado de poder estar presentando el libro rodeado de cajas de Warhammer, juegos de rol y tebeos de Songoku.

No voy a negar que tenía más expectativas de público. No es algo que me preocupe especialmente, ya que pocos o muchos, me encanta explicar los entresijos del libro, contar anécdotas y en general, hacer estallar las risas entre los asistentes. Enfoco las presentaciones al humor, ya que esto genera una conexión muy positiva entre los asistentes y mi persona y me encanta esa sensación, además de que predispone a la gente a hacerse con el libro lo cual es, al fin y al cabo, el objetivo de las presentaciones.

Decía que el público fue escaso pero no podría estar más satisfecho por su "calidad". Se presentaron personas que había conocido en la red hacía poco tiempo y con quienes no había tenido contacto personal, como dos de los autores de la página/ revista "Historias Pulp", viejos conocidos de redes sociales, amigos y familia. Pareció gustarles el "espectáculo" pero en un momento dado alguien me preguntó, ya acabando la presentación y a modo de tiempo extra, de donde sacaba la inspiración para escribir ese tipo de cuentos, y no supe que responder. Salí por la vía rápida del humor y de la anécdota tonta, pero en terminar, llegar a casa y acostarme, pensé que podría haberle dado una respuesta mucho mejor. Y como nunca es tarde para rectificar, voy a hacerlo aprovechando este medio.

La inspiración, imaginación, ingenio, originalidad... son términos que se utilizan cuando uno es capaz de sacar historias de la nada, aunque realmente nada se crea desde cero. La inspiración no cae del cielo como una lluvia de ideas, sino que emerge desde el interior como un gheiser (o como se llame) que hay que saber controlar y aprovechar. En otras palabras menos metafóricas, hay que ejercitar la imaginación, buscando ideas aquí y allá, descartando, seleccionando, construyendo, destruyendo y reciclando... No sé si me explico. Un ejemplo:

Hace unos días estaba conduciendo por el centro cuando tuve que pararme mientras un repartidor de carne bajaba piezas de su camión frigorífico para abastecer a una carnicería. Apenas fueron dos minutos, pero mientras veía a ese hombre de blanco cargando trozos de animal congelado comencé a imaginar probabilidades. ¿Y si se le cierra la puerta mientras está dentro y no hay forma de salir? ¿Y si encima se ha dejado el móvil en la cabina? ¿Y si el móvil estaba dentro del bolsillo de su chaqueta? De pronto la idea de ese pobre señor pelándose de frío y maldiciendo por estar a apenas un metro de distancia del teléfono y la chaqueta que le salvarían se me hizo tan clara que seguí imaginando. ¿Y si estuviera esperando una llamada importante? Quizás esperaba noticias de su ex, con la que quería arreglar las cosas, o puede que de un editor que podría abrirle las puertas a su sueño de ser escritor. De pronto ese pobre repartidor había pasado de ser un hombre con la ilusión de dejar ese trabajo soso y monótono e iniciar una nueva vida de fama y amor, a morir congelado en un triste camión frigorífico. Esto da para un relato corto que quizás podría incluir una reflexión sobre la vida y las prioridades y las elecciones personales que podría incluir un final sorprendente o quizás predecible, o sorprendente por lo predecible (que siempre es mejor que al revés), pero todavía se puede ir un poco más allá. Puede que a ese señor moribundo y semicongelado le hable un pollo colgado de un gancho. Le hable le cuente secretos que solo son aptos para aquellos que van a cruzar el umbral de la vida. Secretos reveladores e inconfesables que solo tienen cabida más allá de la tumba. ¿Y si solo ha sido una alucinación? ¿Y si ha sido real pero al final alguien abre la puerta y lo salva? Quizás no haya lugar en el mundo para un vivo que conoce los secretos de la muerte. ¿Y si quien le abre la puerta es ex mujer acompañada del editor, ambos preocupados por que no les cogía el teléfono? Puede que al final el pobre repartidor cumpla su sueño de fama y riqueza pero se vea acosado por animales congelados que quieren mandarle al otro barrio. Quien dice animales congelados dice cualquier cosa, por supuesto. Esto quizás da para novela. Novela que en cualquier caso no escribiré, pues solo era un ejemplo para reflejar esto de la inspiración y la imaginación. A veces dos minutos parado detrás de un camión frigorífico dan para mucho.

Tomando este ejemplo como… ejemplo (menuda redundancia) podemos aplicarnos el cuento a cualquier cosa. Si nos acostumbramos a ir por la vida retorciendo la realidad, inventando probabilidades y buscando líneas de realidad alternativas, obtendremos una gran cantidad de ideas para desarrollar. Y a partir de ahí, como ya he dicho mas arriba, seleccionar, descartar, reciclar…

No sé si en la presentación me habría dado para explicar todo esto, pero como he dicho, para eso tenemos los blogs y para eso se inventó la escritura: para contar aquello que queremos que prevalezca... o lo que no nos da para decir cara a cara. Y dejo esta pequeña reflexión así porque se me acaba de ocurrir una idea buenísima sobre un repartidor de carne que…

miércoles, 1 de noviembre de 2017

XII Jornades de les lletres ebrenques (cronica de mi fugaz paso por ellas)





Reconozco que recibí la invitación a las “Jornades de les lletres ebrenques” con cierta frialdad, en primer lugar por mi desconocimiento de las mismas y en segundo por aferrarme a esa famosa paradoja de Groucho Marx que decía “Nunca formaría parte de un club que aceptara a alguien como yo como miembro”. Aunque cuando digo frialdad no digo desánimo, resignación ni nada por el estilo, solo que si hubiese conocido la magnitud de esas jornadas de antemano, seguramente me habría alegrado muchísimo más en un primer momento. Pero pongámonos en el lugar de las mismas.

El epicentro de las jornadas está situado en la Biblioteca Sebastiá Joan Arbó, en la localidad de Amposta, capital de la comarca más al sur de Cataluña. En esa biblioteca se reúnen desde hace ya doce años, personas que se dedican a la literatura y al arte en general, las cuales durante los dos o tres días que duran, realizan todo tipo de actividades no solo literarias si no también de cualquier otra expresión artística como la pintura, la música, el teatro… Como he dicho, yo lo desconocía pero las “Jornades de les lletres ebrenques” llegan a reunir a más de medio centenar de autores cada año, contando con algunos de renombre, además de autores noveles, entre los cuales yo me encontraba.

Como decía más arriba, recibí la invitación a las mismas con cierta frialdad, pero ésta se disipó al poder ver el cartel de actividades, el nivel de los autores invitados y el hecho de que incluso los autores noveles dispondríamos de tiempo para promocionar nuestras obras. Pero me dejo ya la teoría y voy a relatar mi breve paso por las mismas.

Al vivir lejos de Amposta y trabajar entre semana, no pude asistir al acto inaugural ni a las primeras actividades, entre las que destacaría una lectura de microrrelatos a cargo de alumnos del instituto. Me gustan especialmente los microrrelatos y sabiendo que están escritos por chavales la cosa se hace doblemente atractiva ya que creo que en esta forma de expresión literaria puede verse el talento y la imaginación de un autor sin todos los condicionantes técnicos que posee una novela, por ejemplo. Los microrrelatos son literatura en bruto, pequeñas explosiones de creatividad que no pueden pasarse por alto. Además, y como curiosidad, pude leer en Internet que éstos se escribieron en castellano, un dato significativo estos días en los que se pone tan en duda al sistema educativo catalán.

Otro acto destacable era una charla que debía realizarse con el escritor Rafel Nadal sobre su última novela, la cual tuvo que modificarse debido a la ausencia de éste por la muerte de un familiar directo. Al final la charla con el autor se convirtió en una mesa redonda para hablar de él y de su obra, demostrando que si uno se lo propone, incluso ante un percance de tal magnitud, puede salvarse el día.

Mi idea era llegar el sábado a media mañana, pero por causas que todavía desconozco (¿Agujeros de gusano? ¿Tempus fugit? ¿Mucho tráfico en la carretera?) no aparecí por allí hasta la una del mediodía. Llegué justo a tiempo para asistir a una mesa redonda en la que se hablaba del panorama literario de la zona, otras jornadas, se presentó un videojuego creado por una estudiante y basado en la historia de la localidad y lo que más me llamó la atención: La presentación de dos cortos basados en dos microrrelatos de un autor (o autores) local (o locales). Esto último me hizo fantasear un poco con la idea de ver algún día uno de mis textos llevado a la pantalla; no eran de oscar ni mucho menos, pero sí una forma creativa de hacerlos llegar a un público que quizás de otra forma no repararía en ellos.
Cuando terminó el acto salimos pitando a comer, pero antes quise pasarme por la mesa donde se exponían (para su venta) los libros de los autores asistentes. Cual fue mi sorpresa al ver a uno de los que habían presentado los cortos, hojeando uno de mis libros, lo cual me dio el pretexto perfecto para presentarme y hablar sobre la posibilidad de trabajar juntos. Al final no tuvimos tiempo de profundizar demasiado, pero siempre es bueno tener un primer contacto.

Luego vino una comida literaria, que es como una comida normal, pero en la que solo hay escritores o personas relacionadas con este mundillo. Yo llegué de los últimos y casi no quedaban sitios libres, así que me senté en la única silla vacía que vi. Cual fue mi sorpresa al encontrar frente a mi a un viejo amigo de cuando tenía 16 años, el cual lleva publicadas dos o tres novelas y que ni yo sabía que escribía ni él que lo hacía yo. Fue un reencuentro fugaz, ya que en terminar de comer salió pitando, pero me hizo pensar en lo largos que son a veces los tentáculos de la literatura. Por no decir eso de que el mundo es un pañuelo, que está ya muy visto.


Después de comer llegó mi momento de gloria, en el que una decena de nuevos (y no tan nuevos) autores disponíamos de cinco minutos cada uno para hablar de nuestra o nuestras obras. Y como no podía ser de otra manera siendo yo, sentí que había metido la pata al instante. Llevaba una semana preparándome un pequeño discurso en el que pretendía criticar los peinados de los escritores, cosa q1ue me parece totalmente necesaria en estos tiempos que corren, pero en el último momento decidí cambiarlo por otro, más breve, por si no me daba tiempo, y no fue la mejor idea del mundo. Soné inseguro, me dejé un fragmento en algún momento y al final quedó tan breve y soso que decidí leer uno de los microrrelatos de mi anterior libro. Mi idea era, y siempre es, marcar un poco la diferencia con los otros autores. Yo no soy escritor, así que no puedo hablar de técnicas narrativas, de estructuras gramaticales ni otras cosas técnicas, por lo que siempre abogo por el humor, las anécdotas sacadas de quicio y otros trucos sucios que guardo en la manga. Esta vez no salió como esperaba pero no fue nada especialmente grave.

Lo siguiente fue una charla que me salté, ya que me encontré con una vieja amiga con quien tenía muchas cosas que hablar y que contar y las jornadas cerraron con la actuación de “Lorquianas”, unas chicas que combinaban la literatura con la música y el teatro en una actuación realmente estremecedora, en el buen sentido de la palabra.

Y la cosa terminó, dejándome una sensación agridulce por mi breve actuación, pero la enorme satisfacción de haber formado parte de algo grande, bello y significativo.


martes, 3 de octubre de 2017

Ladridos en la biblioteca (la primera presentación oficial)





El acto de presentar un libro es algo que siempre me ha causado (como lector), cierta indiferencia. Normalmente compro libros, sea porque he oído de ellos, porque sigo a sus autores o simplemente porque decido leer algo al azar, en cuyo caso busco algo que me resulte atractivo a nivel cubiertas. Siempre que he acudido a una presentación ha sido por compromiso y no siempre he salido muy contento de allí. Por ese motivo, cuando me encontré a mi mismo en el lado opuesto al del lector y con la necesidad de presentar mis libros, algo en mi se rebeló.
Tuve claro desde el principio que mis presentaciones debían ser amenas, divertidas y que la gente que decidiera acercarse a verme, fuera por compromiso o casualidad, deberían pasar un rato entretenido, antes que ser convencidas de comprar mi libro. Con esa premisa lo he hecho hasta ahora y aunque prácticamente acabo de empezar, creo que le voy pillando el truco a esto. Es por ello que en esta entrada quiero hablar, solo un poquito, de la primera presentación de mi último libro “La onomatopeya del ladrido y otros relatos pulp”.
 
La temida sala vacía antes de la presentación.
El día 30 de septiembre tenía una cita con la biblioteca de Amposta, ciudad en la que nací y crecí y en cuya biblioteca, además, pasé los años más raros de mi adolescencia, como un arqueólogo explorando una vasta ciudad oculta hasta el momento.  Allí descubrí a algunos de los autores que me han acompañado durante toda mi vida, como es el caso de Lovercraft, Poe, Buckowsky, Tolkien o Vian. Allí pasé muchísimas horas “refugiado” mientras afuera la gente hacía cosas normales pero que yo no acababa de comprender y allí aprendí también que en las bibliotecas no se liga nada, aunque eso es otra historia. La cuestión es que regresé a la que considero mi biblioteca, una de las más impresionantes y variadas que he visto en mi vida y esta vez no como lector si no como escritor. Todo un honor y también una carga de inseguridad al no verme a la altura.
Y es que la mayor de las inquietudes ante una presentación es la afluencia de público. Presentar un libro ante tu familia y amigos está muy bien, pero uno siempre aspira a abrirse a un público nuevo, darse a conocer y, como no, vender algunos libros. Afortunadamente en esta presentación, tuve mucho más público del esperado, llegado a contar, así a ojo, más de cuarenta personas. Todo un lujo.
 
Y la satisfacción del espacio ocupado por el público
Comencé con humor, como tiene que ser. Es asombroso cómo me tiemblan las manos al agarrar el micrófono y como se me pasa cuando el público deja escapar las primeras carcajadas. Siempre he pensado que el principio de algo, sea un libro, una charla, una película… debe ser representativo de lo que después vendrá, así que las primeras frases pronunciadas deben estar bien medidas. Después, Assumpta Eixarc, una antigua profesora que me dio clases cuando tenía 17 años, se encargó de presentarme formalmente, leyendo fragmentos del libro que para mi satisfacción, parecieron encantar al público. A partir de ahí, nos fuimos alternando las intervenciones, contrastando su parte más seria y formal con mis explicaciones en clave de humor, creando casi sin darnos cuenta, una coordinación que no habíamos ensayado ni previsto de antemano. Por supuesto se habló del libro, de literatura, de qué es eso del “pulp”, de escritura y edición… Pero no voy a entrar en detalles aquí.

Cuando terminamos y tras la firma de ejemplares me permití un rato de reflexión. El contacto con el público es importante. Mucho más de lo que pensaba un año atrás. Oyendo hablar al autor de un libro, uno se queda con su tono de voz, con su forma de expresarse, y eso le da un toque distinto a la lectura del libro. A mi me pasa y muchos me han confesado que también, en el caso de mis libros y blogs, después de conocerme en persona. Al final esta presentación fue un gran éxito, pero quedan un par más por venir, esta vez lejos de mi casa, por lo que va a ser más complicado reunir al público. Pero ya vendrá lo que tenga que venir. De momento me quedo con la experiencia de un gran día y para que veáis que no os he engañado, algunos fragmentos de las opiniones de dos de los asistentes a la misma.

Debo decir que la presentación fue muy amena, alternando en las actuaciones la Sra. Eixarch (de forma muy profesional) y el Sr. Rosa (que se dedicó a la bis cómica). Ambos se complementaron a la perfección e hicieron las delicias del respetable. De hecho, estoy por sugerirle al Sr. Rosa que se dedique a hacer monólogos en otros eventos...
J.M Lletí

Una presentación diferente, irónica, que ha sacado la risa de un público entregadísimo, por el hecho de tener un escritor ingenioso, que ha captado la atención de los oyentes. Assumpta i Josep, han conseguido que todos tengamos la curiosidad de leer este libro de relatos.
Joana Serret

Amor de primate. Una breve novelita de muy pocos megabytes.

Hay quien dice por ahí que los buenos tiempos del papel ya han llegado a su fin; que entre pdfs, kindles, podcasts y audiolibros, el libro t...