lunes, 20 de noviembre de 2017

Un apunte acerca de la imaginación.





Este fin de semana tuve el honor de presentar mi segundo libro "La onomatopeya del ladrido y otros relatos pulp" en la Librería Ateneo Cómics de Alicante. Decidí ir allí a presentar porque además de que es una de mis tiendas especializadas favoritas, una de mis intenciones con este libro era el de alejarlo un poco de las sobresaturadas librerías tradicionales y enfocarlo a un público más receptivo a la ficción y la fantasía. Me reservaré mi opinión sobre el éxito de mi iniciativa para más adelante cuando pueda sacar conclusiones, pero en cualquier caso me sentí afortunado de poder estar presentando el libro rodeado de cajas de Warhammer, juegos de rol y tebeos de Songoku.

No voy a negar que tenía más expectativas de público. No es algo que me preocupe especialmente, ya que pocos o muchos, me encanta explicar los entresijos del libro, contar anécdotas y en general, hacer estallar las risas entre los asistentes. Enfoco las presentaciones al humor, ya que esto genera una conexión muy positiva entre los asistentes y mi persona y me encanta esa sensación, además de que predispone a la gente a hacerse con el libro lo cual es, al fin y al cabo, el objetivo de las presentaciones.

Decía que el público fue escaso pero no podría estar más satisfecho por su "calidad". Se presentaron personas que había conocido en la red hacía poco tiempo y con quienes no había tenido contacto personal, como dos de los autores de la página/ revista "Historias Pulp", viejos conocidos de redes sociales, amigos y familia. Pareció gustarles el "espectáculo" pero en un momento dado alguien me preguntó, ya acabando la presentación y a modo de tiempo extra, de donde sacaba la inspiración para escribir ese tipo de cuentos, y no supe que responder. Salí por la vía rápida del humor y de la anécdota tonta, pero en terminar, llegar a casa y acostarme, pensé que podría haberle dado una respuesta mucho mejor. Y como nunca es tarde para rectificar, voy a hacerlo aprovechando este medio.

La inspiración, imaginación, ingenio, originalidad... son términos que se utilizan cuando uno es capaz de sacar historias de la nada, aunque realmente nada se crea desde cero. La inspiración no cae del cielo como una lluvia de ideas, sino que emerge desde el interior como un gheiser (o como se llame) que hay que saber controlar y aprovechar. En otras palabras menos metafóricas, hay que ejercitar la imaginación, buscando ideas aquí y allá, descartando, seleccionando, construyendo, destruyendo y reciclando... No sé si me explico. Un ejemplo:

Hace unos días estaba conduciendo por el centro cuando tuve que pararme mientras un repartidor de carne bajaba piezas de su camión frigorífico para abastecer a una carnicería. Apenas fueron dos minutos, pero mientras veía a ese hombre de blanco cargando trozos de animal congelado comencé a imaginar probabilidades. ¿Y si se le cierra la puerta mientras está dentro y no hay forma de salir? ¿Y si encima se ha dejado el móvil en la cabina? ¿Y si el móvil estaba dentro del bolsillo de su chaqueta? De pronto la idea de ese pobre señor pelándose de frío y maldiciendo por estar a apenas un metro de distancia del teléfono y la chaqueta que le salvarían se me hizo tan clara que seguí imaginando. ¿Y si estuviera esperando una llamada importante? Quizás esperaba noticias de su ex, con la que quería arreglar las cosas, o puede que de un editor que podría abrirle las puertas a su sueño de ser escritor. De pronto ese pobre repartidor había pasado de ser un hombre con la ilusión de dejar ese trabajo soso y monótono e iniciar una nueva vida de fama y amor, a morir congelado en un triste camión frigorífico. Esto da para un relato corto que quizás podría incluir una reflexión sobre la vida y las prioridades y las elecciones personales que podría incluir un final sorprendente o quizás predecible, o sorprendente por lo predecible (que siempre es mejor que al revés), pero todavía se puede ir un poco más allá. Puede que a ese señor moribundo y semicongelado le hable un pollo colgado de un gancho. Le hable le cuente secretos que solo son aptos para aquellos que van a cruzar el umbral de la vida. Secretos reveladores e inconfesables que solo tienen cabida más allá de la tumba. ¿Y si solo ha sido una alucinación? ¿Y si ha sido real pero al final alguien abre la puerta y lo salva? Quizás no haya lugar en el mundo para un vivo que conoce los secretos de la muerte. ¿Y si quien le abre la puerta es ex mujer acompañada del editor, ambos preocupados por que no les cogía el teléfono? Puede que al final el pobre repartidor cumpla su sueño de fama y riqueza pero se vea acosado por animales congelados que quieren mandarle al otro barrio. Quien dice animales congelados dice cualquier cosa, por supuesto. Esto quizás da para novela. Novela que en cualquier caso no escribiré, pues solo era un ejemplo para reflejar esto de la inspiración y la imaginación. A veces dos minutos parado detrás de un camión frigorífico dan para mucho.

Tomando este ejemplo como… ejemplo (menuda redundancia) podemos aplicarnos el cuento a cualquier cosa. Si nos acostumbramos a ir por la vida retorciendo la realidad, inventando probabilidades y buscando líneas de realidad alternativas, obtendremos una gran cantidad de ideas para desarrollar. Y a partir de ahí, como ya he dicho mas arriba, seleccionar, descartar, reciclar…

No sé si en la presentación me habría dado para explicar todo esto, pero como he dicho, para eso tenemos los blogs y para eso se inventó la escritura: para contar aquello que queremos que prevalezca... o lo que no nos da para decir cara a cara. Y dejo esta pequeña reflexión así porque se me acaba de ocurrir una idea buenísima sobre un repartidor de carne que…

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